martes, 22 de enero de 2013

Esclavos

T
odos somos esclavos de algo. Unos, esclavos de su dinero; otros, esclavos de sus deudas. Todos pasamos por esta vida yendo a la deriva. Unos, sabiéndolo; otros, pensando que controlan el limitado mundo en que se mueven torpemente.  Hay quien piensa que habrá dejado una huella, como aquellos otros que dejaron profundas huellas en la Historia de la Humanidad. Pero no existe la Historia ni nada que se pueda definir como humanidad, salvo el conjunto de seres humanos que por un defecto del azar pueblan este planeta por una casualidad.
Y creemos no en hombres sino en nombres. Nombres de personajes que andan criando malvas desde hace tanto… que tienen en común más conmigo que con los dioses. Y la prueba de que no existieron es que el mundo nunca ha cambiado. Ni Leonardo ni Einstein; ni la luz eléctrica, ni la democracia. Nada salva al hombre de navegar por la vida sin más rumbo que la supervivencia hasta la frontera que separa este del mundo de un Hades que es un agujero negro, la antimateria, la nada infinita, el absoluto agostamiento. Todos iremos en una barca por el Aqueronte, aliviados y aterrados, y ya dará igual qué hicimos o lo que nunca hicimos y si tuvimos valor o tuvimos valores. Dará igual, estaremos como antes de nacer. Estaremos muertos. Y al cabo de un breve momento no quedarán de nosotros ni los huesos ni una memoria de lo que fuimos de pequeños. Y si amamos, ¿habrá un eco que rememore esa proeza? Y si viajamos, ¿iremos más livianos en la barca que nos cruza hacia el inframundo junto con los otros ejemplares que cohabitaron este mundo con gusanos y jara de láudano?