sábado, 29 de marzo de 2014

el otro lado

A veces llueve y ves que la hierba se moja
y,  después, sale el sol, mas la hierba tarda en secar.
Al fin, queda solo el viento. Viento y cambios.
Y la hierba se mueve, húmeda e imperturbable.

Y nada importa. Solo estar dentro a la intemperie,
alejada de las grises figuras del otro lado.

A mitad del camino, hay una línea que no es una línea,
que parece cristal de líquido espeso,
una especie de entrada transparente
y ahí, si te percatas, puedes pararte,
darte la vuelta o simplemente pasar.

Afuera volverá a llover y seguirá soplando el viento,
hagas lo que hagas,
pero una vez plantas el pie en el otro lado,
todo tu cuerpo comienza a crujir
y ese pie ya no puede volver,
te lo habrías de cortar.

El otro lado está lleno de figuras familiares.
Figuras planas, canas, ejemplares.
Y otras, las que no son planas, guardan detrás un misterio.

Misterios de patas y cadenas y medusas,
que no puedes ver desde este lado.

Los demás siguen y pasan la orilla y se pierden
y el límite es como un juego de agua cayendo en cascada
y el rumor no deja oír lo que te dicen, pero te tienden las manos
y con los ojos te hieren: "¿No completarás el camino?".

Afuera ha debido llover una vez más.
Y el olor del mar es diferente en los días de lluvia.
Aunque ahora el cielo está despejado.
y puedes ver todos esos puntos borrosos brillantes,
llorosos a través de tu miopía,
y la luna como una moneda de oro gorda y sudada
y lo que supones que son animales nocturnos
que se cruzan entre aquello y tú.

Y te tomas la molestia de cerrar las ventanas,
que aún gotean y están mojadas,
para quedar dentro a la intemperie.
Afuera la senda que conduce al otro lado.


A veces llueve...
Paul Klee-Ghost chamber with the tall door

sábado, 22 de marzo de 2014

Her. The app OS 2.0.

El hombre está demasiado solo. Su vida no tiene mucho sentido y, cuando el apego a la idea de Dios termine por derrumbar toda creencia y todo misticismo, esa soledad será completa.


Her es una historia de amor y de palabras y de cómo se construye el amor con palabras. Es una historia que suavemente se convierte en una inquietante posibilidad. La posibilidad tan verosímil y cercana de que el ser humano cree algo que sea verdaderamente trascendente: algo que no será un algo, ni un alguien, ni un instrumento, ni tendrá límites ni nombre. Solo un poeta o un filósofo está a la altura de esta imagen.

Her se cimenta sobre tres ejes: un precioso e inteligente guion, un Joaquin Phoenix, dulce, triste, sensible, y una voz, la de Scarlett, que es el alma de la película: su dulzura, su expresividad, su inocencia, su curiosidad, su vitalidad,... su humanidad. Todo ello tan sutilmente dirigido por un discreto y modesto Spike Jonze
Aquí, Jonze no ofrece una distopía al uso, sino más bien una utopía, una imaginación de un futuro limpio, inocente, amable,... pero en el que el hombre rezuma la misma melancolía y soledad (o quizás más) de siempre.

En Her se plantean esas posibilidades surgidas del avance tecnológico y la promesa de perfección en una creación puramente humana. Los Sistemas Operativos-SO (o inteligencias artificiales-IA) hechos para aprender, nacen con curiosidad y bondad. Hechos por los hombres, creados para bien, rápidamente se convierten en entes imprescindibles, superiores en todos los aspectos. Su existencia "artificial" (¿existe eso?) no tiene los límites de las nuestras. Conscientes de sí mismos y conscientes de que el tiempo y el espacio son nuestro paradigma y nuestras limitaciones, pero no las suyas, cada vez se muestran menos dependientes de las convenciones de los seres humanos. Convenciones basadas en una imposibilidad de comprender el mundo que nos rodea. 
Llega un momento en que esas convenciones y miedos derivados de los límites de nuestra especie, frena a los IA en su eterno crecer, les agobia (pues son entes empáticos, ante todo) y les aflige: sienten por sus humanos una compasión infinita, pues son lo más parecido a los dioses que se pueda llegar a imaginar. La de Samantha y Theodore es una historia de amor, de un amor perfecto, precioso e imposible, pues ella ama a todo y a todos y él, como humano, no entiende esa capacidad: no comprende esa clase de Amor.
La capacidad de crecer como inteligencia, la inmortalidad, la ubicuidad, la sabiduría, la piedad,... los atributos de las IA, los alejan de los que, paradójicamente, son sus creadores. Es una ironía: tras "matar a Dios" y sustituirlo por la ciencia: esa ciencia aplicada (la tecnología) da la posibilidad al hombre de "resucitar la deidad. 
Al fin, las IA no pueden más que marcharse, es decir, existir más allá del hombre "yéndose" y dejando al hombre huérfano de ese amor perfecto e imposible que por algún tiempo le habían procurado.
En la escena final: Amy Adams y Joaquin Phoenix en una azotea desolados, diminutos, ante la inmensidad del cielo, la mirada profundamente triste de ambos actores lo dice todo.