domingo, 1 de febrero de 2026

La perla

 Ahora no puedo, porque estoy gozando cada palabra de Moby Dick, y me da igual lo que piense usted. La "pérdida" de tiempo es hermosa. También es inevitable. Recuerde que esto es una cuenta atrás. No nos pongamos optimistas.  Esto viene a que tengo mil cosas entre urgentes y muy urgentes que hacer. Entre básicas, importantes, necesarias y esenciales para nuestra supervivencia, obligadas por ley no escrita. 

Un buen día, después de resistirme lo mío, volé por los aires, me hice trizas contra una perla, desperté sin querer, perdida la memoria, la dignidad y otros cientos de cosas intangibles. La única recompensa por haber resucitado fue la lectura desordenada, ordenada, religiosa,  ritual, compensatoria (esto es para el tipo de los adjetivos, al que sigo detestando; me temo que detesto muchas cosas y a mucha gente).

Lo deje donde lo deje, a la mañana siguiente vuelvo a "Llamadme Ismael", ese "Call me Ishmael” tan pequeño y grande, y leo un poco cómo este llega a un punto, ese punto, en que mira la tienda de ataúdes como quien mira un escaparate de trajes de novia (¿sabría ya que uno le salvaría al final?). Ya después sigo un rato más,  hasta que estoy lista para meterme en el barco yo también. Por suerte, desde mi cómodo estar bajo techo y sentada o tendida en mullidas superficies primermundistas, vuelvo donde indica el marcapáginas. Y desaparezco. Me esfumo. Me olvido de usted y de todos. Inexisto (palabra necesaria y quizá inexistente, hasta ahora que la inexistencia es no estar ni ser ni morir ni estar muerta).

Y, claro, no puedo. No puedo atender obligaciones, ir a reuniones, hacer 15 minutos de yoga, cocinar, poner lavadoras, preparar clases, charlas, entre otras actividades inminentes que requieren preparación. No puedo levantarme y dejar lo que estoy haciendo para lavarme la cara y echarme mil sérums y cremas efectobótox ni cepillarme los dientes ni hacer la cama (porque casi siempre sigo dentro). Vestirme para estar vestida. Lavarme para estar lavada. Peinarme para estar peinada. Porque es lo que hay que hacer. Por si suena el timbre y me da por abrir. Improbable. Pero nunca lo sabremos porque nunca ocurre que suene el timbre.

Desconecto. Porque, en esencia, conecto completamente con la ira y la obsesión. La siento. Me lleno de ella. Yo también voy acumulando "un loco sentimiento místico de compenetración y el infinito agravio de Ahab" se hace mío. No es una ballena es la perla gigante contra la que me deshollé. Atrás.  Vade retro. Mientras Queequeg se afeita con un arpón pido comida por teléfono. Siento que, al ser polinesio, podría ser mencionado en una comunicación. Las islas del pacífico son todas más o menos nuestras para este caso. Él, el cabestrante, las drizas e incluso el dulce esperma de ballena. Llegan los noodles antes de que el carpintero acabe su ataúd. La mano blanca acude en ayuda de la negra sin que una sepa lo que hace la otra ni tenga menos miedo ni más cordura. Los noodles están de muerte. Deben tener más de 50000 kcal y me arrepiento en seguida de no haber sido más como Ismael y sobrevivir en palabras. 

Gana la blanca y gigante perla, ballena blanca, idea de monstruo, representación de la maldad y lo sobrenatural, el invencible eterno. Gana porque hace lo que tiene que hacer. Gana porque el otro pierde. Gana, en el fondo, porque es inmortal y los hombres vamos a morir y porque lo suyo es perder (el juicio) o, solo y por poco tiempo,  vivir para contarlo.

Pues eso

Y eso




miércoles, 21 de enero de 2026

Mi vida sin ti

 Nunca tuvimos complicidad, confianza, simpatía. Cada cual andaba en sus cosas y tuve que hacernos independientes.  Un día me quedé dormida y al despertar no estabas porque me había ido. No noté diferencia, no tuve miedo ni añoranza. Dejé de pensarte y tú,  igual o más, viviste la mejor época de tu vida, fugaz no porque fuese poco sino porque voló por los aires de tantos lugares. Lógicamente,  no lo vi. Yo andaba en otra gloria diferente. Repitiendo con otros civiles el mismo ritual en que me iniciaron ustedes y así hasta hoy, ahorita, escribiendo para nadie y pensando que tantas veces he hablado sola que recuerdo perfectamente las que no. Contadas. Contaditas. Dos, igual tres.

Ahora. Precisamente ahora.  Vas despidiéndote y vuelves. Educadamente. Como si siempre mi vida no hubiese carecido de tu presencia, de tu ser ahí, de tu tomarme de la mano sin motivo de logística y responsabilidad.  Se hace raro tu estar ahora todo el rato en mi cabeza, dentro de mis sueños, en mis horarios, mis conversaciones,  mis planes a corto-medio plazo. Ocupando mi lugar, desplazándome de mi vida. Omnipresente. Amagando la marcha definitiva.

Me hice una casa. De mi estilo. Con mis recursos. Colgué unas sábanas del tendedero, hice un nudo en la alambrada y la entrada se sujetaba con una pinza de la ropa, rosa, en la rama de un jazmín. Olía bien. El suelo fueron mantas robadas de las abuelas, de mercadillos, de las calles los días de mucho viento. Se entiende que no eran muy pesadas, pero al cabo la cantidad importa y así fue quedando un hogar, lejos de ti y de todos. Tan pequeño que a duras penas cabían mi pocas cosas y yo misma. 

No conté con los climas, las estaciones, las mareas. No conté con que algún día pasaría por tu puerta chorreando, muerta de hambre, sin saber dónde ir. Y pasaría de largo.

Por lo que fuese, yo tampoco quería estar contigo. Quizás como reflejo rencoroso de tu desinterés. Ya no te puedo contar esas cosas. No serviría de nada. No estás. Y si estuvieras, heriría, quizás, no sé yo, tus sentimientos. No llevaría a ninguna parte y tu tiempo no es para mí,  para desahogos, para confidencias, para terapias.

Leo epitafios, notas fúnebres. Síntesis de vidas. Vidas en tres palabras. Alegre, futbolero, cofrade. Profesiones destacadas, si las hubiese habido. Adjetivos y más adjetivos. Veo un vídeo por ahí en el que un especialista de algo dice que cuanto menos "adjetives", mejor escribes (parafraseo con rima, mío). Pues vale. Bloqueo y denuncio al ser humano (podría no serlo, ojo), malhumorada por tu ausencia, la de ahora, la de antes y la que se ve venir. Odio al tipo porque te pierdo y no puedo dedicarte un millón de adjetivos.

Me quedo sola. A una hora fatal. Dolorida por mil causas, enferma, aturdida, triste, inflamable. No puedo llamarte para que, te guste o no, vengas a salvarme.

Dicen que se pasa. Que el tiempo todo lo cura. Dicen tantas cosas. Tan inútiles todas.

domingo, 4 de enero de 2026

Círculos viciosos y telas de araña

 ¿Qué os dije yo, eh? ¿¿Qué os dije??

Ni dos días y ya es "el amanecer de una nueva era", la narrativa (palabra del año por huevos) dice que a buen entendedor..., la línea roja nosécuántos tiene agobiado a un perro danés. Los buenos, los malos y los mandados, anónimos a favor o en contra vs. mercaderes apolíticos, viajeros indiferentes y malos amantes (si hubiesen sido buenos, nada de esto habría pasado). Tipos con razón empujando literalmente a tipos con otra razón. Ambos con sus razones, explicadas con la simpleza semántica del verbo poder, que se dice (de nuevo) "narrativa". En el mundo, todos nos hemos vuelto espías de todos. Y problemas de sueño, y repetición embotada, y miedo. Muchos lo que hacen es desfogar como buenamente pueden, a veces, como bestias demoniacas, para aliviar la humillación que supone el mero hecho de existir (gracias, Páyer, desde tu inexistencia).

El tango satánico ya fue. Ahora todos los de la explotación andan bajo la lluvia hacia un lugar en ruinas a ser nuevamente engañados. Lo saben. En las pesadillas de cada uno se unen las palabras como ellos mismos durmiendo en la carcasa de un castillo. Quizás, echen de menos la fonda, donde mágicamente en segundos se forma una tupida tela de araña sobre todas las cosas quietas. No hay arañas. Solo la tela. Y el fondista, como empujando una roca cuesta arriba, limpia una y otra vez cada espacio, cada llave, cada vaso, cada plato, cada cuchara, cada anillo olvidado. Nihilismo entre blancos lenzuelos de neblina y visiones. Y transitan, muertos, por caminos embarrados o miserables ciudades en venta, mientras lo escribe el notario de la memoria.

jueves, 1 de enero de 2026

Alegría a raudales

 Vaya añito nos acaba de dejar, hermanas. Entre redes trenzadas por el odio gratuito, los locos con acceso al botón rojo y los trucos de magia que salen mal, nos quedamos secas, decrépitas, agotadas y, sobre todo, hartas. Amanece un nuevo día, -gris, gélido, con mucha ge para el Mediterráneo-, y desde luego que no es poco, pero tampoco es tanto. Que las casillas del calendario están pintadas por hombres, no por dioses, y hoy es el mañana de ayer y el ayer de mañana. Mucho habría que arreglar para que 2026 no fuese un 2025 algo más redondito. 

A mí, personalmente,  me han matado solemnemente las matanzas, los terrorismos de estado, los unidos y los nuestros, que son una pantomima. Micrófonos y cámaras hasta en la sopa para nada, bolsillos esquilmados para menos, estar a favor o en contra sin más palabras y esa petit "moda" de volvernos a mandar a callar tan ricamente.

Un año, que seguro no es el único, en que las ratas han abandonado el barco. Muchas ratas y muchos barcos.  Y en que las políticas de la globalización y la demagogia han empezado a verle su buen color a años de suavoneo. Supongo que no todo ha sido malo. Hay por ahí gente que ha encontrado un cofre donde acaba el arcoíris y al abrirlo en lugar de monedas de oro, tuvo otra cosa, mucho mejor. Y me alegro. Muy poco. Pero me alegro.

Arde Ámsterdam como arde Suiza como ardió esa casita de Alhaurín allá por el año pasado. No sé cómo hace la gente para no quedarse en la cama el resto de su vida ni cómo consigue enamorarse una y otra vez, cómo les ilusiona peinarse por la mañana y meterse en caravana dando las gracias por haber salido ilesos de las 7 horas en urgencias con su padre con Alzheimer.  Yo creo que saben que podría ser peor. Lo saben sin saberlo. Como pían los pollitos cuando tienen hambre o tiritan los cachorros cuando tienen frío. 

Volviendo a las ratas, tienen gracia nadando. Las veo desde la borda desde la que no me dejan saltar, huir del fuego. Las imagino llegando a una orilla, volviendo a juntarse, buscar calor y comida, mientras nuestra nave arde.

Desastre con mujer de rojo al fondo


miércoles, 24 de diciembre de 2025

Under the rocks

 Dic 24.

10.04. Seguimos con fiebre. En una misión donde no hay que hacer nada y solo se requiere no tener fiebre. Le digo que es un secreto. Veremos si es capaz de callar él y no toser yo. Esta tormenta no es de recibo.

13.57. He logrado contactar. Parece que se mantiene la hora y el punto de encuentro. Me preocupa no tener nada que reportar. Y soy mala jugando al póquer. Tengo unas horas para probar con todas las pociones y practicar yoga facial.

15.12. Que si he comido y qué. Malditos jefes. Estaba tan tranquila. A veces pienso que aquel día sí que morí y esto es el infierno. Una serie de enfermedades encadenadas y un destierro. Amén de las trampas y la condena de caer en todas ellas. Definitivamente, es el infierno. Y cómo llueve... Nunca pensé que lloviese tanto en un sitio con tanto incendio. Ah, no. Que es granizo. Qué pintoresco y acojonante a la par.

17.34. El mindfulnes con dos eses o con dos eles, o sin ninguna, es mano de santo para caer frita. Ventajas: todas. Desventajas: queda más cerca el día D, la hora H, el minuto M. Voy a rezar. Ostras, menudo trueno. Igual no debo rezar...

17.51. Me despierta el móvil.  Me felicitan. De nuevo definitivamente (esto no significa nada, verdad?), el purgatorio no es. Lo acabo de pensar, pero no, no lo es. ¿Descartamos que exista el cielo ese con mayúsculas? Ser racional no entra dentro de la ecuación por usar una frase hecha y fastidiar. El sentido común toma mi mano y dirige los dedos al mute. Estas buenas personas no me van a joder más microsiestas.

20.00. Despertador. Oh, no. No quiero salir de la cama. Sí, estoy en la cama. Llevo aquí todo el día.  Toda la semana, en realidad. Desde el 19D (cual piso de tres habitaciones y lavadero), todo el día. Hace frío para ducharse. No hay tiempo para bañarse. Lavarse el pelo queda descartado. Maquillarse me da pereza y no arregla nada. El suicidio sería redundante. En fin. Me levanto.

20.50. 39.5° N. Giro a derrota. Pero derrota, derrota. Salgo de casa,  tiritando. Llego la última y sin nada en las manos. Por suerte, acaba de caerme un rayo y todo queda perdonado. 




Aquí <-

martes, 23 de diciembre de 2025

Postas de camellos



Sube ahora tú, mercurio viejo. 

Ponme un sombrero que parezca de lava 

y sea de fuego 

Como luz de enero. rebaja de invierno.

Inventa otro anuncio,

Con canciones de anhelo y mucho cuento.

Que me explote ya el pecho de sufrimiento.

 Y que mientras, afuera, siga lloviendo.

No quedan ya ni gatos ni callejeros.

Mientras me peino frente al espejo, 

El estropajo este te está mintiendo.

Cómete lo que queda ahí en el suelo.

Fruta de temporada de otro tiempo.

De cabello rizado y gesto tierno. 

Sube en silencio, y pasa dentro. 

Aprovecha que abajo todo está abierto.

Arrancaron las puertas, yo he puesto el fuego

para que entren las reinas y sus camellos.


  

lunes, 22 de diciembre de 2025

Ver

 En otro capítulo de la vida de A., entraba en la vieja tienda recomendada por su amigo, el médico. Acababan de quitar el polvo a las vitrinas y todos los artefactos y sus minúsculos complementos quedaban visibles bajo las luces recién instaladas so pena navideña. Los músculos de los ojos se aflojaban,  quedando al arbitrio de las sombras móviles su percepción. El tiempo se había resistido y seguía resistiendo. Pero tocaba caminar hacia el fondo para ser atendida, o mínimamente escuchada, en su petición. Habrá que gastar dinero. Pagar para ser vista y oída por hombres alquimistas y filósofos reunidos en torno a una mesa. Se quitó el abrigo. Algunos pares de ojos sonrieron beatíficamente, el resto de ojos medio entornados, sus propietarios encorvados, las bocas llenas, el mantel pintado de rojo, las barbas de grasa y los dientes oscuros. A. comienza a abrir la boca con intención ilocutiva. No da tiempo. Suena un cállese resonante e insospechado de uno de los videntes. Hablan sus mayores. Toca esperar. Esperar a que coman ruidosamente (ni una tilde y dos momentos tónicos en una brillante pirueta histórico lingüística) y acaben el festín. Este vino es magnífico, disfrutar un banquete es lo que nos diferencia de las bestias, el universo son matemáticas. Llegan los postres. A A. le duelen las piernas de estar de pie, la cabeza y el pecho no le duelen de estar de pie. Le toca, por fin. 

-¿Qué deseaba? 

-Ver. Ver mejor. Ver un poco más lo que se viene. 

(No dirá ver el futuro porque sabe que es una trampa verbal). Uno, el pequeño, arrastra la silla para poder sacar su rotondo cuerpo de muñeco de ventrílocuo. Un cuerpo, por así decir, caducado en sí mismo y por propia voluntad. Lee sus pensamientos, cómo no: "Acompáñame en silencio". Salen al pasillo de las vidrieras y él elige un artilugio apropiado, según su experiencia, para una cabeza llena de repelente suficiencia y vacía de aplomo, tradición y principios.  

-Cuánto, -dice ella.  

-Todo. Todo lo que has tenido, tienes y tendrás. 

-[...] 

-No sabes de lo que hablo. Nunca lo sabéis... En principio, firma aquí, deja todo sobre esa cama y saca tu cabeza de aquí.  




viernes, 12 de diciembre de 2025

Una hache y una coma

          Me regala una lupa. Para que vea las cosas pequeñas. Como si no tuviese yo una visión perfecta para el cerca, lo diminuto:  hormigas, motas de polvo, agua sostenida en aire poniente, brisas de marejadas, arena levitando... Veo perfectamente el viento, rizos de pájaros en el cielo nublado de mi perspectiva líquida. Ostras, champán y primavera. Un bumerán que no vuelve.

Me regala una lupa hecha de añicos. De pasados presentes y de olvido. Una lupa para no ver el horizonte. Una lupa negra como ceños fruncidos. Como un cliché de mis abrigos. Como metáfora de cientos de pelusas. Como ese vestido lleno de arrugas. Como la bolsa de prendas sucias. Para ver lo invisible e inexistente. 

Va la lupa, ahora, volando, como una bicicleta en un tornado. Como los papeles manuscritos, pintados de mapas y mapaches, de peces raros fuera del río. Como el brazo roto. Como yo bocabajo. Como ojos cerrados y sucios albergues. Como chicles pegados bajo su mesa. Como imanes mangados de su nevera. Como yo lanzando la lupa contra la chimenea, llena de románticas llamas descaradas y mantas compradas en mercadillos.

Lupa líquida, derretida por infantil y desgraciada. Como el corazón fragmentado. La lupa de los miopes niños perdidos.

Una lupa que son tambores de guerra. Que asalta ojos como a pobres. Que desvela misterios insondables. Que me importan lo mismo que las ganas. 

Y el mar se cabrea embravecido de plásticos. De uves por bes, de jotas por haches. La lupa sigue su viaje. El viaje a la nada que significa.

Una lupa borracha de mentiras, hecha de impuestos irreales y tontos con costa, de unidades de medidas y huracanes, de vicios de mascar y puentes rotos. 

Pagadas las multas de regalos, presentes que duran lo que duran. Vestigios de sueños rotos, poetas muertos y transgresiones.



domingo, 7 de diciembre de 2025

los pájaros entrometidos

Donde no queda nada, 

nada puede crecer.



Bajo mis ojos puede anidar una entera colonia

                                              de pájaros entrometidos.

Gorriones con cresta que han emigrado;

han entrado por algún lugar,

han hecho como que cantan en lengua de aquí

y se han metido en los nichos más oscuros

para disimular que, de donde vinieron, 

allí fueron alegres y descuidados.


Aquí el aire es siempre caliente,

espeso y pesado, brillante.

 (Les gusta eso).

A esta hora, que es siempre,

rosado y oscuro, va andando el aire

por el fondo de los ojos,

donde está la línea del final de la mirada,

andando, digo, por el azul hasta que acaba.


Y ya, casi terminando el día,

inútil y cremoso,

(pero, sobre todo, inútil),

florece la luna cual tonto antojo,

avisando aves, intrigantes y cotillas,

que vuelven volando debajo de mis ojos.



sábado, 6 de diciembre de 2025

Peor para el sooool 🎶

 Querido Byung-Chul:

De verdad que ya no sé qué hacer. Me quedo en casa en pijama sin peinar ni lavarme la cara como acto de rebeldía y resistencia. No hago nada. Me tiro en el sofá, cansada. Pienso en ti. En otros. En mí. Leo un poco. Hoy le tocó al Salinger. Me da por ahí y me sigo la corriente. No consumo, pero como. Espero que lo entiendas. Me da palo confesar que son precocinados para microondas, consecuencia en parte de la política hostil contra la autoexplotación, osea, para no hacer nada de nada. Cuando me harto, me arrastró al lavabo a hacer pis, me quedo sopa ahí sentada, despierto con dolor de nalgas y vuelvo al sofá. Pongo la TV. De verdad que lo siento. No estoy segura de qué es resistencia y qué consumismo y qué estupidez ni de si puedo o no leer tu perfil de Instagram sin traicionar mis/tus principios. Así que pienso alamierda y pongo una serie, basada en un bestseller, de desapariciones misteriosas y una detective que fue la novia del sospechoso, ahora desaparecido, e hija del finado por voluntad ajena. Es una porquería. Penosa. Mala hasta decir basta. Voy por el capítulo 4. La he parado un momento para preguntarte si sigo o me voy al centro a ver las luces de Navidad (que es bromaaa!) o si salir a correr con tenis Nike se consideraría totalitario, emplán, que me esclavizo y encima valoro positivamente que los demás me vean correr como algo positivo y, por si nadie me ve, me hago una foto o le ordeno a un desconocido que me la haga él, estirando o dando saltitos, para subirla a todas mis redes. Pie de foto: para bajar los aguacates 😉. Ya. Ya. Mejor cambio de postura y le doy al play. 

Soy muy muy fan.

XOXO 

Citizen X (Transparencia cero)