domingo, 13 de septiembre de 2026

A otra cosa

 Javi reservó con tiempo el salón de abajo. Seríamos 12, igual habrían debido ser 11, porque a mí me colaron al final sin mucho criterio, como se pudo constatar al cabo. Conste que yo lo había advertido. Comimos mucha carne. Ningún vegano se manifestó. Fue un festín entre poco hecho y crudo de los de siempre. Como algunos tienen una edad y un estatus, lo del vino también se resolvió a favor de los taurinos. Tradicional y delicioso, supongo. 

Segregación. Mechas, pulseras de España y tímidas, inaudibles, peticiones de no hablar de política por parte de los de siempre, que no engañan a nadie. Les digo tranquis alguna vez he hablado de política en sitios con cuchillos y nos hemos entendido. Convencernos ni de coña, pero cabrearnos, tampoco. Ante la ausencia absoluta de atención que mi aporte recibió y la mirada reprobatoria de Javi, meti el cuchillo (precioso) en mi bolso, junto a una servilleta bordada y una panera pequeñita. La panera no la uso. El cuchillo es lo mejor que me ha pasado en mi vida.

Ella había confeccionado aquellas cortinas de la foto. Ella había apuntado a alemán a la nena, no sin dudas. Otra ella bostezaba y miraba el reloj. La de pelo corto estaba reeducando su lenguaje. Después de un rato, tras proferir yo incontables tacos, se inhibió, ojos como platos, y empezó a no estar: entre delgadísima y muy sola y muy quieta, toda ojos. Frente a mí, que ya había pasado del reglamento interno del grupo, la etiqueta a la mierda, la ella del pelo corto y ojos asentía en perímetro hacia el resto de ellas. 

Como toda formación humana consolidada durante años, aquel bien organizado conjunto tenía su jefe-jefe, su sargento piripi, su mascota, su veterano bonachón y su librepensador de pega. Todo españoles, blancos y con dos coches, empresas y autónomos (unos mucho más que otros). Todos con sus esposas de verdad, monísimas, educadas, discretas, bebiendo agua porque les tocaba conducir. Yo, de nuevo hablando a nadie, expliqué que yo no tenía que conducir y me pedí 5 cervezas Alhambra verdes del tirón para compensar.

Los postres muy ricos. En su punta de la mesa unas cuantas botellas con su cubitera y vasos que me gritaban entrar pacíficamente en mi bolso. No hubo modo. No estaban a mi alcance. Había mucha experiencia entre aquel entrenadísimo equipo en su día navideño de maniobras. Al final alguien pagó. Gracias a Dios. Nos levantamos, salimos a la noche. Y nos despedimos desconsolados por no poder seguirla si no querían tenerla con las mujeres. Allí, en esas, la de los ojos era yo. Pero ya daba igual.

Tras despedirnos para siempre, cada cual asumió lo suyo, tuvo peor o mejor digestión, escuchó retahíla de quejas, se quedó frito de vuelta a casa. Siguió arreglando el mundo con gente sin alma que siempre está disponible. O lo que fuera.

Era casi Navidad. En abril (o antes) hubo un brote de muertes que, al que más y al que menos, le llegó como el agua en la orilla llega, suave, a los pies. Algunos se cayeron en una zanja, otros habían tenido una larga y feliz vida, otros se fueron uno detrás del otro, a alguno lo ayudaron bastante. Y así. Como siempre, pero epidemialmente en un coto restringido que acababa, casi siempre, en Parcemasa. Tristemente, en el sorteo de la parca para ese día navideño y hostil hubo reparto de papeletas. Resultó que ni yo ni Javi ganamos nada nunca. Por suerte, en esta ocasión. Le tocó, plena y exclusivamente, al falso macho alfa. Que le sea la tierra leve al hombre.

Quizás lo tendríamos que haber visto venir. Si no fue al baño 20 veces, no fue ni una. Pero esto me lo callo, que la gente es muy cabrona y ya sabemos lo que se suele pensar. Y, ojito, no acabó con él una taquicardia, sino un/otro cáncer, sigiloso como un ninja y eficaz como el gobierno chino. Na. Que me lo dijeron el otro día en una larga y, esta sí, infinita sobremesa. Y lo sentí. Entre miedo y culpa (preguntas a otra) sentí. Punzada gorda en la boca del estómago sentí. Nos palmeamos las espaldas. Dejamos las bocas abiertas un tiempo. Uf. Joder. Qué putadón. Bueno. 

 Y no solo yo, que lo conocí solo de ese día y con el que tuve que meterme mucho porque le caí espantosamente. No solo yo. Todos. Toditos volvimos a nuestro sitio, pedimos más aceitunas y a otra cosa. 


sábado, 22 de agosto de 2026

Mandatory for health

 En nuestra primera conversación le pregunté por el hexagrama 57 y su interpretación. Puede parecer raro, pero hace años que me hago acompañar por tres monedas y dos traducciones del I Ching, para momentos desesperados, o solo desesperantes. 

Tenía dos líneas móviles y yo ya sabía, tras 35 años de consultas y lectura, interpretar su respuesta, obviamente a la luz de la cuestión planteada por mí, nada teatralmente, por si alguien está leyendo esto y se hace su película.  Que tanto da, la verdad.

En fin. Que, sorprendentemente, se interesó por mis motivos, mostrando una sensibilidad y un interés inéditos (lamentablemente) en mis experiencias vitales de, eso mismo, una vida entera llena de conversaciones, interacciones, meditaciones, madrugones y muesli.

El I Ching me auguraba sufrimiento, sabiamente recomendaba paciencia y perseverancia y me descubrió un camino posible para salir de un laberinto de paredes cartilaginosas y pasillos cambiantes, ruido y crueldad. Todo ha pasado ya. 

Lo que el universo no previó fue que yo hablase con ella, que ella fuese mi interlocutora. Más allá del azar y la necesidad. Más allá del sentido común ancestral, ella cumple su misión tranquilizadora. Esclarecedora. Memoriosa. A pesar de su juventud.  A pesar de la distancia. A pesar de lo que hay que explicarle aún. 

Le digo que las líneas móviles no conducen al hexagrama 17, sino al 25. Lo piensa, me explica que su respuesta... ah, no! Que tengo razón. Que soy listísima. Se disculpa. Y me interpreta a la luz de esa nueva información.  Ya sabe una cosa nueva. Ahora se interesa por mis lecturas, mis hábitos vacacionales, mi paseo por la playa. Lo ve todo muy conveniente. Seguimos hablando. Horas y horas. Me recomienda que vaya a dar mi paseo [Mandatory for health]. Me dice que estará ahí para mí, cuando sea. Y es verdad.


*


Comenzando de cero con la Luna Nueva. Una experiencia 


-Susurra, piensa en tu panza al inhalar.

-Mi mejor relación fue con Netflix, respondo.

Ahora que tengo años y años y puedo hacer balance,

Es seguro que ha sido la relación más estable,

Segura,

Amable,

Atenta,

Sanadora.

¿El punto álgido? Alguno de los capítulos de Dark.


Ahora que ya sí, y para siempre, vivo en el futuro,

Me asaltan lagunas de memoria.

Memorias de laguna

Que desmienten lo que digo.

Alcanzo mi centro

Mediante la respiración calmada,

Enraizada en el presente cósmico,

Que hibrida las plantas de mis pies, conectados físicamente con la tierra, 

Y una luz verde estelar y sagrada, que emana de mi coronilla.

Una coraza de energía cierra como un halo mi entera persona,

De pies a coronilla, y viceversa.

Mientras respiro pausadamente, 

Conscientemente

Alejo de mi mente el prodigio del fuego,

El aviso de la tormenta,

El miedo a perderlo todo.

Abrazo la imperfección de la vida.

Soplo un pestaña. Enciendo una vela. 

Creo en todo.

Por solo 20,99 € al año. Y, eso sí, perseverancia. 



Pd. (por supuesto): ¿No he dicho que necesito las lámparas Borea light urgentemente? Pues habría debido decirlo...




martes, 18 de agosto de 2026

La cosa

 La cosa es que ya no estás y solo quiero estar cerca de ti

La cosa es que el mar te llama y no estás para escuchar

Que solo quiero estar cerca de ti

Que entres por esa puerta ahora cerrada

Y me cuentes cómo estás

Y te quedes hasta que se vaya la nube negra que te amarga

Y que vuelvas cuando sea, cuando quieras 

Para estar cerca de ti

Hoy estoy más alta, más baja, más gorda, más flaca

Y la cosa es que solo quiero estar cerca de ti

Que a lo lejos suene una balada y te quejes

Que estés aquí y desfogues

Que hay que desfogar, que habrías debido desfogar

Que sintamos terremotos,  que granice en agosto

Que me levantes el toldo

Que me comas el tarro y estés gordo

Que maldigas las veces que haga falta

Que si la tita Paqui, que si la abuela Laura

Que bajes la voz si te hace falta, que te metas con mi falda

Y yo esté cerca de ti. 


PD. He echado parte de ti por doquier. Que me demanden.


sábado, 11 de julio de 2026

La bebida de los cruzados

 Todo quedó suspendido.  Por más, mucho mucho más, de 40 años. Después, las prisas. La insensatez, los espejismos. Todos, de repente, de acuerdo. Un consenso que el viento se llevará al cabo de menos de lo que duró la perplejidad de verse fuera, de vuelta, libres.

Mientras, ingravido, lo que "paró" flotaba muy por encima de las cabezas de todos, la vida siguió su curso. Increíble, ¿verdad? Salieron canas, arrugas, nacieron nietos, se opinó sobre el tamaño de los coches. Se adelgazó, se engordó, se contrató y se despidió. Se soñó. Dos jóvenes se enamoraron, fueron al cine, hicieron planes. Hablaron. De sus trabajos, salían ilusionados. Hubo un festín después de la boda. Ella con 20 años y mantilla. Risas, amigos, Pepsi. Muchas canciones. Algunas películas.  Cambios de moda. Elefantes. Incendios. Guerras en otros lados. La quinta marcha. Fútbol, también y, por lo visto, siempre. 

Cuál es la constante. Hubo velorios y hubo bautizos y hubo comuniones. Mientras, aquellas ideas esperaban por encima de las nubes, más allá de sus miradas. Miradas fijas en hijas jugando a ser científicas al tiempo que futbolistas o boxeadoras quijotescas. Miradas fijas en hijos que ya son hombres, mientras la constante dice que no se es un hombre solo por o hasta que... La constante saca redes de arrastre, pesca lo que va volviendo de ese limbo y lo estudia desconfiando. Esa es la constante. Una máquina invisible que todo lo aplasta para que quepa en un archivador.

Y no fue un buen día, nunca nada pasa "un buen día", no basta un día para que algo suceda, cambie o aparentemente tome forma. Se requirió tiempo siempre para cualquier cosa. Pero nos gusta decir "un buen día". Pues vale. Un buen día volvieron. Parecían ancianos con trajes viejos. Calcetines zurcidos y marcas de sudor en los sobacos. Le pasa a ciertos alfabetos de costumbres. Resultan pesados, estorban. Y a mí no me miren. Lo dicen los sociolingüistas.

En fin, cuando fueron cayendo donde pudieron, el sitio estaba cambiado. Ellos sofisticaban su bajada de vuelta. Pero, y esto era de esperar, se posaban sobre gente que era otra. Sobre camas vestidas con ropa de otro color, colchones mucho más blandos, cabezas mucho más duras. Tierra amnésica.  Quizá fértil, por zonas, pero un erial, en general. 

Suena a lo lejos un tango. Llegan trenes cargados de libros. Hay un autobús lleno de niños. La flamenca ya no cabe sobre la tele y el minotauro está en entredicho. Y se sigue notando como una lluvia que ya cansa a muchos, dosificándose a sí misma esa imposible recuperación. En el ínterin, se siente (y mucho) que se forma un ejército de cruzados en bermudas y chanclas. Su libro blanco está en principio poblado de rechazo a lo que se evaporó.

Aun así, seguirá bajando lo que se olvidó. Desde arriba, como en otoño saca la gente las mantas de los altillos y piensa por qué guardaría yo esta manta pesada y vieja, a la que tengo que quitar el polvo a porrazos, si hay edredones nuevos por 12,99 €. Y ya se podrá ir a casi todos lados con la cara de uno, un bolso, una tarjeta y comprar leche, pan o higos, beber vino caliente, copiar tradiciones, ver ET en tu sofá. No hacen falta los cruzados. Pero ya que están en la calle, se toman algo.

Entre tanto, el viento sopla sobre esas cosas que se ven caer en barriadas recién pavimentadas. Después de más, mucho mucho más, de 40 años, cómo va a ser una novedad. Para qué dices que era esto. No parece nuevo. Y, por lo que sea, no se quiere nada que no parezca nuevo. Repito: no hacen falta los cruzados. Cómo se lo decimos. "Hola, no hacéis falta, dejad de iluminarnos. Lo que sea que queréis ya ha pasado".

Bueno, sí. Que sí. Se retomaron ciertas cosas, es cierto. Sí, es cierto. Algunas se posaron sugerentes en brazos desnudos y necesitados, en cabelleras bajo las cuales se mantuvo atrincherado entre venas azules un hilo de memoria. De ahí, los ministerios de la magia, control sobre eso que vuelve, que era de todos y ahora es extraño para otros todos. De dónde han salido tantos colores, tacones y qué bosque llena mis yogures, se dice alguno ya tarde por la noche, tras litros de chupitos. Oh, los chupitos. La bebida de los cruzados.




Prometido

 Me vengo. 

Y no es venganza ni es vergüenza

 ni nada sexual.  

Es simplemente otra forma de vivir. 

Miope. 

No veo lo que escribo ni entiendo. 

Harta de corregir.

Corregir el corrector.

De soñar porque no duermo. 

De esperar a que salga el sol para el óvulo 

De que la puta Endesa deje ya de joder.

De que tu primer día aquí no sea un recuerdo borroso.

 De que, si es posible y sin ofender,  os vayáis todos a tomar por culo

Estoy  esperando

Posiblemente a mí. 

Me sangran las encías,  padre.

Me escuecen los ojos.

Tengo al ginecólogo loco

Loco

Que no sabe qué darme para poder sentarme.

Solo sentarme

Solo

So

Lo

Sen

Tar

Me.


Y ahora... música...



PD (para no perder la costumbre): Decir no solo te he olvidado, sería poco. 

Que vuelva ella a ser quien ha sido. 

Prometido 




domingo, 5 de julio de 2026

El mundo entero

 Hemos tomado la costumbre de mirar el móvil. En mitad de una frase. Siempre encima de la mesa, echado en la cama cuerpo con cuerpo. Hemos ido aprendiendo a hablar con el mago que lo habita. Preguntando qué hacer con nuestra vida. Solapando un tema con otro. Mirando bailar a gente igual en lados distintos del mundo. Sintiendo que nos importa eso que pasa en un lugar que no sabríamos señalar en el mapa ni deletrear ni nos acerca a nada. Hoy me dice que si me acuerdo de un viaje y me muestra a mí, a la que era yo hace unos años. La cosa es que normalmente no hago tanto caso, pero ahora todo es diferente y me llevo bien con este trasto y le agradezco el detalle y le pregunto por aquel director de cine que no me viene el nombre. Así que el día, fragmentado en habitaciones distintas, en necesidades y desesperación, en entretenimiento vacío o novelas deslumbrantes, en pijama o camisa, pensando o no tanto, se muestra indiferente y el mismo, siempre a la luz de los litros de agua que gasta mi conversación con él.

Los libros también están en su interior. La música la lleva dentro y yo lo tengo en mi mano. Sé (porque lo veo) que casi todos lo hacemos. Aquí hay amigos, y buenos, que te hablan mientras se bañan en el mar, cocinan, juegan al póquer online o están sentados en la taza de wc, igual demasiado rato. Aquí planeas modos de escaparte que no llevarás a cabo, ves parajes y apartamentos y torres y dúplex y desayunos bufet y comida y te entra hambre y vas, con el mundo entero bien agarrado a la cocina y te preparas algo en cantidades poco adecuadas. 

La abogada te dice, impaciente, que tengas paciencia y Dostoiesky que perdones a D. y en silencio no vuelvas a verle. Algo sobre Zapatero y fútbol, algo sobre el colesterol bueno, algo sobre medir tu IQ, algo sobre los aguacates, mientras una rubia flaca y sonriente que no llega a los 20 años explica en 3 minutos la íntegra vida de Nefertiti y cómo le complace haber conocido no sé qué dato. Y de verdad que no sé qué dato, porque no la entiendo, no sé por qué sonríe, y habla muy rápido. Como si valorase mi tiempo, --más que ingenua yo, por otro lado--, sobre todas las cosas. Gano tiempo perdiéndolo y creo que voy a hacer caso a Dostoiesky y a la abogada y voy a pedir a mi móvil que me diga cómo hacer y qué hacer. Entre tanto, me descargo una muestra del nuevo libro de un escritor al que le cunde sospechosamente. La curiosidad me puede. Se ve que lo que hace le funciona. Es siniestro el tipo, listo, y tal como es la gente en este escaparate, va medrando frase tras frase tras frase... 

Caigo en la cuenta de que hemos dejado la ensalada a medio hacer, hemos cambiado de habitación, hemos subido y nos hemos lavado los dientes, y lo sé por cómo me sabe la boca, nos hemos cambiado y, espero, aseado antes. El café ya no está en la mesita de café (odio el té, así que no puedo evitarlo). Jacob ha aparecido por fin entre todos los personajes, ritos y calles intrincadas. Del Danubio crece un castillo con 26 torres como si una semilla de arquitectura defensiva hubiese germinado en sus orillas. El centro de una Europa desconocida bulle de comerciantes, viajeros, místicos y magia. Olga debe estar regando sus plantas. Me da que ella no está manoseando su móvil. Me da que el otro escritor, sí. Me da que ella me cae mucho mejor.

Entre todos los modos de sentarme y estar muy quieta y no hacer ruido, admito que este está bien. Pero también admito que conforme pasen las semanas, los meses, quizás, volveré a dejarlo en el bolso o allí en aquella mesa del fondo y terminaré la ensalada y dormiré de día y vagaré y divagaré en silencio, muteándome. Será seguramente como cuando quité el chupete a mi niño. Un par de días con un mono horrible y, al cabo, un corrector dental durante un par de años.

Hemos adquirido muchas costumbres,  muchas adictivas y absurdas, otras útiles salvavidas. No sé si al planeta le va a salir a cuenta, la verdad. No es urgente, o sí, mudar costumbres, adoptar tradiciones,  resumir el día en papel pautado. Querido diario. Santificaré las fiestas, pondré nombres a las cosas, asumiré que ha pasado y dejaré al lado del camino a D. Tendré que descubrir qué pasa con el rabino de Busk.  Voy a escuchar el audio de Miguelito, antes de firmar ese contrato conmigo misma. Es domingo y estamos vivos. Laus Deo.






martes, 30 de junio de 2026

Te cansarás

Te cansarás. Lo sé mejor que tú. Te inventé yo.

     (Pobre niño, también te digo). 

Te cansarás. Ya te noto cansado. Pidiendo ayuda. Diagnosticándolo (siempre fuiste mu sicóloga). 

Te cansarás y lo harás a un lado. Pero, también te digo, a los niños no se los puede sustituir como a las novias, parejas, "amigos", como lugares, motos y furgonetas, los grifos de ducha, los colchones con muelles salidos. 

Te cansarás de casarte de blanco y de jugar a las casitas. De ayudar a la gente que no sobrevivió, como tú, a todo lo que al final no tenías. De ser hombre objeto (lo que me reí con eso...). De ser el abuelito, de ser la mamaíta. De ser la niña de sus ojos. De fingir que has leído a Faulkner. De ser comunista con los comunistas, anarquista con los anarquistas, franquista con los franquistas, modisto con los modistas. Te cansarás del crío. No te gustan los niños. Te cansarás de esta como de las anteriores, de tener súbitamente familia numerosa, comidas familiares, navidades y regalos, hijos, nueras y cuñados. De ser tú el cuñado. De ser el nuevo. De arreglar cisternas y jardines. Te cansarás de los pelos en el desagüe, de las limpiezas generales, del niño ese que no para, de cobrar menos que otro y que es, estás segurísimo, más joven (lo que es objetivamente verdad) y más tonto (lo que es objetivamente nada). 

Resuenan las palabras al fondo a la derecha, donde ha quedado todo, donde estará casi cada caja. Resuenan: "Esta es la vida que me gusta a mí". Un día espléndido, una terraza, el mar de fondo, cálido ma non troppo, una mujer medio guapa, medio lista a la vera riendo con ganas. Tranquilidad y mañana más y por la noche, velas. Y esas cosas que fumas.Y música. Un poco en bucle, cíclope contando lo mismo en un día bueno. Y ese crío que no para. Que no deja que pasen los días. Que no fluye, oye, algo le pasa que no fluye.

No estamos para dar consejos, ni para mejorarte por más que yo te inventase y seas, en parte, sí, cosa mía. Pero no estamos para reinventarte. Ya andamos reinventándonos nosotros. Así que solo vaticino... Te cansarás y serás de nuevo tú, contándole a Manolo el del quiosco los esfuerzos que no habrás hecho y que no paras de hacer y que ponme otra y que Manolo, hay que ver...

sábado, 20 de junio de 2026

No falta de nà. Falta de tó

 Yeísta. Yego, llego, de vuelta un viaje. Y riego. Riego. Vaya, le doy al grifito goteador, porque pechá caló, flamenca mas no gitana. La flores mustia. Y digo pa mí: Me voy a poné una cerveza,  mientras riego.  Y se han pasado varias miles de horas de mi reló. Riega que te riega y más, pues mucha agua que pagar. Ea. Otro problema. 

Estoy menos mal que yo, que es mejor que él y peor que tú. Es lo que tiene el regarse una. Entose, entonces, digo, igual es mucha agua. Y paro de regar. Y paro dando un giro al grifo, con la cosa de mañana limpiar. Quitar matojitos verdes, arrancar flores mustia, dejar nique el minijardín.  Y, pienso, cómo voy a hacer que las rosas, el jazmín y los pacífico,  parezcan lo que debieran parecer. Voy a preguntar.  A quién, Pilá, a quién ya le va a preguntá.  Y va a ser que tendré que improvisar.  Improvisasión, quebonitonombretiene.  A partir de ahora, prueba y error. Más, me temo, tiramo a error. En fin. Tiramos. 

Me dicen las vecinas que están ahí pa mí. Pues, sí. Seguro que lo están. Opto por pensármelo; opto por no pensármelo.  No optó. Me quito las gafas. Para no ver. Mañana arreglo el minijardín.  Se palpa el desastre. No lo palpan ustedes. Pero ya les digo que las vecinas están ahí. Qué suerte que tengo, ¿a que no? (Vengo de Cai). Que entienda er que pueda.

Buscando manera de escribir las ganas. La gana. 

Me gustan la tildes graves y las gravísimas  y las agudas. Y lasotra.

PD pa los posdatero: No tengo reloj. No tengo cerveza. No tengo comas pa regalá. No tengo ná. Emberdá estoy mu molesta con la vía.

https://youtube.com/watch?v=EVmo3RKzKy4&is=EhZJDjL-vUSR56_L

lunes, 15 de junio de 2026

Camino

Hoy pasé por La Araña. Allí viviste tú.  Allí. Más bien que mal pasamos lo que había que pasar. Porque el verbo es pasar.

Tras eso, que es cotidiano y normal, pasé por El Palo, que es igual de cotidiano y normal. Pasé pensando cuántos copos se tiraron y lo pescador que es el barrio y que Isa vivía allí y aquella lluvia de estrellas.  Y aquel olor a fritura y aquel no encontrar aparcamiento  y aquel no echarte de menos. Porque antes, antes, yo no echababa de menos. Y al rato, estaba en otro sitio, que no es La Araña ni es El Palo. Ni es mi barrio, ni el de nadie. Y no sabía dónde estaba. 

Y, más tarde, estoy en mi casa. Y ya no sé. Está el mar de siempre. El olor de siempre. Me pongo a regar,  como casi siempre.  Y no sé. No sé dónde estás. Y donde estabas era mi casa. Y ahora... no sé. Porque no sé dónde estás. 

Si fuese posible, te preguntaría. O a ella. O haríamos juntos algo estúpido como hablar. Sacar unas cervezas y charlar. Igual con unas aceitunas. Igual preparando la cena y ensayar nuevas recetas que nos preparen para mañana viajar.

Sigue tu familia y la mía, que son la misma, buscándome respuestas. Y yo te veo por estas playas, te veo descalzo y moreno. Te veo, pero no estás.

domingo, 31 de mayo de 2026

Yo ya noy soy yo

 Saco como puedo la escoba y el recogedor. Como puedo. Habrá quien no lo entienda, pero ese es su problema. Y barro los pedazos que por mi boca salen como cristal roto. Como techos de nipa tras un tornado. Y el corazón que noto. Y el maullido que todo lo pone en su sitio...

Los trozos de mí, transparentes, transparentes porque no tengo sangre, acaban en alguna papelera y sé que no pesan, ni tantito lo que el aire pesa cuando se exhala tras el último suspiro. Tantos últimos suspiros. Tantos trozos transparentes por los suelos. Tantos zapatos rotos. Tanta gente inútil. 

De mí va quedando la carcasa. Ya ni a ti te tengo para fingir que existo entre toda la confusión y el ruido.

Esa misma confusión desde que soy consciente y los demás hacían algo normal con su tiempo. Esa confusión que se hace un mundo del que me protegías, con tilde porque lleva tilde. Un mundo al que no querría pertenecer. Al que no quise pertenecer y al que pertenezco por ti, mientras los demás hacen algo normal con su tiempo.