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domingo, 2 de enero de 2022

Enigmas

2000 son demasiadas palabras. No deberíamos poder hablar tanto para, al fin, no decir nada. Romper el precinto del silencio para nada. Quejarse o mentir o solo aspirar a ser, como si no fuésemos ya. 2000, 200000, 200... son siempre pocas o demasiadas. Mejor callar. Sumarse a un espectáculo mudo que ve sin oscurecer el mundo con vanas interpretaciones. Vivir sin reproches ni juicios; sin idas y vueltas en autobuses o aviones; sin encuentros veleidosos en interminables escaleras, entre estantes desiguales, ingenios de madera, inventos imposibles; sin haber jamás manipulado un astrolabio; sin haber subido empinadas cuestas sin salir de un despacho; sin diseñar personas y personajes y equivocarse en las medidas y que no te quepan por las puertas; sin utilizar la palabra monotonía ni hacer el amor de mentira; sin que tu mejor polvo lo echase otro; sin caer al vacío interminablemente; sin metáforas ni infecciones ni hormigas, ni Europa, ni Cracovia, ni el Cosmos, ni la Tierra. Sin escurrirse del presente, ebrios, vendiéndose por tan poco, contando el tictac de otros relojes. Saltando de año en año, de foto en foto, de verso en verso, para, al fin, que todo acabe tan pronto y tan lejos como habría de ocurrir igual entre gritos que en silencio.


Cómeme, bébeme, léeme

domingo, 17 de noviembre de 2013

nadie reclamará mi presencia

Me gustan las mentiras, la guerra, las lágrimas, los principios, ... Y ojalá estuviésemos siempre empezando algo, o con la sensación de estar empezando. Nunca se estancaría nuestra sangre en ese instante sostenido de frustración y normalidad, de vulgaridad y mezquindad, nunca se agostaría nuestra sonrisa ni irían más lentos los latidos dentro del pecho escurrido.
¿No te lo avisé? Soy un peligro, un desastre, una adicta, un veneno. Solo amo con locura a la vida.
No soy buena para nada, para nadie. No soy ni quiero ser algo más: no escondo las respuestas, no ofrezco una salida, no soy lo que deseas.
Me saldré de una curva a 150 una madrugada cualquiera. Dejaré atrás a todos y todo. Ya nadie me dirá que experimente la calidad del expreso, que use cremas antiedad, que compre parches para dejar de fumar; que tenga estilo, calma, presencia; que me cure la impotencia, la frigidez, la inmadurez; que responda al teléfono, a los mensajes, a los emails; nadie reclamará más mi presencia para desgastarme a base de exigencias.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Es una bonita tumba para la memoria

A la Facultad de Filosofía y Letras, muchas lunas antes y muchas lunas después


Dunas y polvo espeso de color rojizo, rubicunda polvareda, donde piedras diminutas esconden la vida del que entra, donde, quizás, un día pusiste un poema dentro de una botella. Dunas y polvo y cráteres que no cesan de mutar, mientras el resto del mundo se desgañita en millones de voces y oídos que sangran. Gritos y dunas y polvo y cráteres se tornan una sola cosa, marcas de cuerpos que se borran con la primera racha de viento.
Huele a polvo y a caída de la tarde. Se intuyen los parlamentos inútiles en millones de idiomas a lo lejos, mientras la temperatura trata de aterir a las bichas sin saber que su sangre es fría y su piel, dura y su sensibilidad al calor y al frío, nula.
Como las mismas rocas, que nunca son las mismas, y como las mismas dunas, el mismo polvo y los mismos cráteres, que jamás encontrarás si buscas. El mismo paraje conocido, donde te pierdes porque ya no es el mismo; la misma arena, dunas, cráteres, que no están ya en su sitio; las mismas bichas que han mudado su pelaje; el mismo calor desolador a mediodía y el mismo frío insoportable en la noche; todo está ahí de algún modo para que lo recompongas; todo, menos aquella botella, aquel poema y aquellas huellas.
Y solo tú. Y tú, sola. Y piensas: "Es una bonita tumba para la memoria".


lunes, 21 de octubre de 2013

en 10 minutos

Me voy. En 10 minutos me voy. A sacarme de encima las palabras y bautizarme de nuevo a lo lejos; a olvidarme de todo de lo que sé, de todo lo que he leído, visto y oído. A sumergirme en el rugido del agua, que brota y grita, hasta el alma entera y salir de allí renacida, nueva, virgen para el mundo que se me pega. Me voy, tardo ya 5 minutos en salir por esa puerta y atravesar corredores, portales y miradas desventuradas, un día perdidas en madrugadas lejanas y nunca regresadas. Me voy. A resistir la locura no lúcida y la mansedad civilizada; me voy rápida, disparada, disparatada a lavarme de esta nata y del calor y de la humareda y del olor a cerveza descompuesta y de la mentira del espejo y de los sucios trapos sucios y de la desgana fabricada a mis expensas.

miércoles, 17 de julio de 2013

There is a light that never goes out

Creo que era en un bar en el Trópico, pero no sé cuál trópico. Yo tomaba cervezas con Morrisey, que hablaba animadamente sin que yo, debido a mi oído cansado y al rumor de las olas y a la estridencia de la música, entendiese una palabra. Siguiendo mi intuición, asentía y sonreía y volvía a asentir, hasta que, por un gesto microscópico tras sus gafas de pasta, noté que no procedía asentir; lo noté, lo notó y cambió de interlocutor. Después me concentré unos segundos. Seguro que fueron pocos segundos en los que pensé en los motivos que podría tener para encerrarme en una concha con vocación de desaparecer. 
Zarpó el barco que llevaba a Madame Zazie a una isla cercana, mientras mirábamos en silencio, algunos ya medio borrachos. Como en una novela de misterios, todos excepto quizás una persona de las sentadas alrededor de aquella mesa desnivelada y maltrecha con rastros de mil visitas, codos, gotas, ecos de uñas impacientes que repiquetean, se dedicaban a portarse de una manera. Las posturas, las sonrisas, las palabras medidas. 
Recuerdo que hablamos de esas películas de los años cincuenta en las que un personaje secundario dice lo que piensa desmedidamente, mientras los demás cumplen con el ritual de ser los personajes que están predestinados a ser. Es siempre un personaje secundario ridículo y vencido por la vida; ningún héroe se presta a derrumbarse ante las cámaras, ninguna heroína se arriesga a despeinarse y mostrar imprudente y ligeramente su arrogancia y su impertinencia. Quién querría ser ese monstruo del que quedaría tan solo un comentario enterrado en algún prólogo de una edición de bolsillo. 
No hubo respuesta. Cada cual se guardó para sí la que fuera su conjetura al respecto y preferimos saltar de las sillas e ir a lanzar piedritas planas a la orilla de la mar llana, a contar cuántas veces rebotaban y ver cómo temblaban las aguas y cambiaba el reflejo de la luna por nuestra causa. Alguien admitió que éramos importantes, que alterar la tranquilidad del mar y la impresión de la luna por nuestra obra y voluntad era trascendental. 
A esa hora todos estábamos lo suficientemente borrachos como para avenirnos con el personaje secundario, las damas descalzas y despeinadas, los héroes desamparados, Morrisey a lo lejos aullando, casi todos flotando en un fondo azul donde los símbolos danzan burlones y desnudos sin intención de significar nada.


domingo, 16 de junio de 2013

Juan Rulfo (II)

Rulfo mató al hermano equivocado. 
Era difícil diferenciarlos. 
Llegaron en primavera. 
Montando un gran escándalo.
Arreglaron el piso de arriba 
a martillazos 
a base de gritos 
dolidos y desbocados.
Ambos tenían el mismo rostro 
desencajado.
Ojos salidos y huecos 
donde otros tienen pómulos marcados.
Uno tenía un pájaro extraño,
graznaba de la mañana a la noche
con un canto desvaído y desacompasado.
Gritos roncos de colores verdes y pardos.
El día amaneció cansado
de la noche de golpes lamentados.
Ya habrían colgado estantes y cuadros
de perros jugando al golf y gaviotas
torpes
se estaban ahogando.
El hermano soltó al pájaro.
Uno de ellos salió en su busca, 
llorando.

Sirenas- André Masson





lunes, 31 de diciembre de 2012

Hagámoslo bien...


Hagámoslo bien, viajemos. Demos la razón a la naturaleza y dibujemos las sinuosas curvas de la costa mientras sintonizamos la radio. Pink Floyd, Echoes. Live at Pompeii. Gracias. Así podríamos acabar el año. Entrar en la nueva era ingenuos y descansados, con la memoria vacía de datos inútiles y desgastados de puro repasados. Ni siquiera llevemos una maleta con objetos que nos recuerden quiénes somos, quiénes podríamos haber sido o quiénes hemos aparentado ser hasta ahora mismo. Que sea el azar o el autor de nuestra historia el que ponga título, el que establezca un principio, el que ponga un punto y final o unos puntos suspensivos. Nosotros solo escuchemos el mar con música de fondo. La cuestión no somos nosotros, es el viaje mismo y si el viaje significa algo o no, no es el viaje el que ha de decidirlo... Que la historia dé comienzo con una BSO y un cuaderno rojo vacío, con una llamada al teléfono móvil de alguien que está perdido, interferencias por las interminables carreteras secundarias que arañan todas las ciudades costeras. Cada cosa que entre en el coche aportará incongruencia al universo incoherente que formamos. "El día está medio lleno", diremos; "soleado y frío", diremos; "agradable invierno mediterráneo", diremos. Anotaremos en nuestro cuaderno la esperanza de encontrar la perfecta diáfana mañana de enero tras algún cambio de rasante, tras una mutación en el aire. Y, pasado cierto tiempo, nos sentiremos incapaces de medir o calcular, ni tan solo considerar, el paso de las horas y los días: el viaje se habrá convertido en lo único importante.


lunes, 12 de noviembre de 2012

Activistas de la nada

Hay que encaramarse y esperar lo peor. 
Levantar un muro y acumular piedras. 
Como en los días de agosto 
en que los viejos se desploman en las aceras, 
o en el tiempo de la ventisca y la helada, 
en la terrible humedad, 
o en enero cuando los gatos gritan de dolor. 
Tormentas acechan allá en el mar, 
donde el rayo serpentea 
y la luz hace más oscura la noche 
y las gotas caen como balas. 
Y habría que armarse de valor 
para aventurarse bajo el aguacero, 
pero nos armamos con palabras.
Es, en puridad, la historia circular de la vida de las arañas.
Tenemos casas, no vivimos en casas, 
somos poseídos por las casas. 
Y la tela del suelo es pegajosa y nos atrapa. 
Y lo que hay bajo nuestros pies nos amarga
y nos es ajeno y nos extraña. 
Y razón no nos falta. 
Razones no nos faltan. 
Andamos armados de razones, 
cargados de razones, 
como ratas hambrientas 
defendiendo su derecho a sobrevivir. 
Y como ratas, nos aferramos, 
y como arañas, tejemos, 
y como siempre, estamos aterrados. 
Y algo nos hace peligrosos, nos embriaga y nos da alas. 
Las alas de un fantasma. 
Y prometemos, juramos que nos asquea el deseo. 
Mas ¿no es sigilosa la araña? 
¿No es, acaso, hacendosa, limpia, 
impecable en su perpetuación de la especie? 
¿Y no lo es, asimismo, la rata? 
¿Y no, si lo pensamos un poco, es normal alzar vallas, 
romper espejos, acumular canas, anécdotas, camas? 
Qué otra cosa queda sino encaramarse a una balaustrada 
para evitar mojarnos los zapatos 
y armarse en espera de la guerra que avanza; 
desde el otro lado de esa pared hacia nuestra casa. 
Porque, además y después de todo, el mundo se acaba. 
El tiempo se acaba 
y cómo retenerlo, 
cómo hacernos eternos 
sino siendo dueños de todo lo que nuestra vista alcanza.


sábado, 6 de octubre de 2012

Ghosts in the photograph



Suna esperaba. Una ola despejó la orilla dejando en su retirada cientos de burbujas huérfanas. El tiempo arrastra la vida de los que temen a la muerte. El litoral quedaba limpio de algas y de pedrezuelas y de caracolas y de conchas rotas, e iba mermando en favor de la única palmera. Remolinos de viento le alborotaban los cabellos mientras un hatajo de gaviotas insistía en sus ingratos graznidos.
Adelantó los pies sobre el fondo revuelto, los brazos pegados al cuerpo. Tras de sí, nadie: un grupo de rocas como único testigo impasible y somnoliento, sobre el cual se alargaba la sombra de la torre que parecía difuminarse como un anuncio del ocaso del día. Ella no sentía miedo. Su cuerpo ligero se mantenía erguido ante las embestidas del mar que se iba embraveciendo para, después, calmarse de nuevo. Pronto pasaría el frío que la agarrotaba por dentro, solo un lío de ropa mojada enredado en el rompiente, solo un coche abandonado entre las dunas, solo silencio y alguna carta y un espectador con nariz de payaso tocando a su puerta de madrugada, solo su voluntad ante el peso de las atareadas horas. 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Flores invisibles palpitan bajo la tierra


Nuestra estación languidece,
se agosta, se muere.
El sueño de verano
nos condena sin remedio
e, implacable, nos despierta
del error de sentirnos eternos.

Seremos solo restos
en los lejanos días venideros:
otoño en crujientes hojas,
plácidamente colocadas
como piezas de una colcha.

Tan solo espero que el frío,
que se abate sobre las exhaustas cosas,
me descubra en el blanco invierno,
partiendo hacia el verde y pálido día de mañana
que, incrédulo, aguarda,
entre las manos, nada.

Y quizás el tiempo,
insólito centinela
que vigila nuestra puerta,
abra un camino,
limpie la nieve de nuestra senda,
eche sal a nuestro paso,
sea, de repente, un aliado
y decida dar una oportunidad
a estos del lado donde nos hallamos.

Momento, pues, de desperezarse,
estirarse,
palparse los miembros,
entumecidos y yermos,
alzarse el cuerpo, ajeno,
hacerlo caminar en círculos
hasta acostumbrarse al movimiento.
Hora de calzarse y salir
donde las estaciones siguen su concierto.
Y ver si está el suelo lleno.
Lleno de yerba, lleno de cielo.
Si está pleno de hojas
o, acaso, lo anega el cieno.

Y hacer un hueco en el cálido fango.
Y, con los brazos cansados,
cavar un pozo y construir un tejado,
esperando que el tiempo nos acaricie
en lugar de fustigarnos.
Y persistir, distraídos en la abeja
que liba la flor inquieta.
Ser simplemente parte,
como las hojas que cuelgan,
como las hojas del sauce
o las hojas del roble
o las del arce.

Pier Toffoletti

viernes, 10 de agosto de 2012

Vagabunda y extranjera


Yo, que apenas he conocido la ciudad ni el campo, que desconozco los misterios de la simiente y los ladrillos, que espero despierta en la noche ladridos y aullidos, música de chicharras y grillos; que, sin salir de este laberinto, he imaginado las guerras y los partos, la mezquina condición del hombre y sus juegos; que, sin marchar, he vagabundeado; y, junto con otros mendigos, he bailado, tocado la flauta, robado; que he dado masajes en salones de té en mi época extranjera; que nadé en una playa de Tailanda donde los dioses escondieron el paraíso y su secreto; que, confusa, he vivido mil vidas todas falsas, todas plenas, soñadas en el bosque o en sucios locales, rompiendo la promesa de ser yo, vagabunda y extranjera.

Linguaggio dei corpi-Pier Toffoletti

lunes, 6 de agosto de 2012

Desierto



Yo, que apenas he vivido, podría fingir haber confiado en un hombre, persiguiendo algún goce animal, sabiendo que no sirve de mucho hablar; podría soñar con ruinas y caravanas de beduinos; el calor y el temblor del paisaje embustero; la tormenta de arena y la sed; la pérdida de la memoria, los labios ulcerados, llenos de costras y llagas resecas; la mirada perdida; abandonada por todos, esperando el cese del pesar, de la angustia y del miedo; consciente de lo terrible que es vivir mientras las horas se eternizan en la resistencia de mi cuerpo a la mera nada que espera, como un alivio, el momento en que la tormenta se disipa y queda el espectáculo deslumbrante, punzante, dorado, inefable del sueño.

Automat-Edward Hopper


sábado, 14 de julio de 2012

Yo soy mi rabia


No lo siento: "Yo soy mi rabia".

Esperaré a dejarte para escribirte una carta. Una carta digna, una carta dramática. Cogeré una angina de pecho y la soltaré para pimplarme unas cuantas. Luego toseré e iré a una clínica o un balneario a la Suiza francófona. ¡Oh, las montañas! Enormes cúspides como senos llenos de leche materna. Ñam, mami, te echo de menos. Nata con dulce de azúcar es la infancia. 
De día, tomaré las aguas; de noche, tomaré Sodoma. Siempre la esperanza de vencer, romper, violar, fenecer. Siempre el sueño de ampliar el imperio con el enorme tótem de carne que todo lo cura y cuyo tamaño, como el del Universo y el del reverso de todo coño, es tan relativo como mi orgullo y tu amor de tuno salmantino, pasado perfecto de subjuntivo. Tratamiento completo para tisis, sífilis y locura histérica transitoria. ¡Ah, Suiza y el aire helado y puro de la montaña! Las gordas rubias con trenzas y la música insufrible de aquel vacuo lugar donde la idea es superar la conciencia cívica y blanquear dinero como en México blanquean anos.





Todas las mujeres, amantes entretenidas, todas las que no lloran ni sangran ni rezan durante el sexo son las grandes putas de la historia. Ninguna escribirá un libro, un poema, un panfleto. Ninguna comandará una causa, ninguna firmará un decreto. Pero, oh imbéciles, cada una de vuestras amadas, cada madre adorada, cada maestra venerada... pertenece a nuestra casta. No hay mujer libre que no sea de mi estirpe y vosotros, bastardos, sois los hijos de la que nunca será amada.

viernes, 8 de junio de 2012

"Mi poeta"


Aquel que tiene un tornado en el pecho
que aflora por sus labios y por sus dedos
ideando palabras, masticando versos,
que acaso no dicen nada, mas podrían ser
-pasó alguna vez-
tormenta feroz y lasciva,
lluvia fina que amansa,
brisa ardiente que inflama.

Solo en lo que miente dice alguna verdad.
El sol de la pena
y el sol de la esperanza
y el sol de la alegría le abrasan.
Conoce lo imposible y lo perfecto
que anidan en su alma.

El poeta toca una cuerda invisible
con su deseo.
No son palabras: es el corazón,
que de algún modo se arranca
y deja entre tus manos
como una amapola caliente
que palpita, que te mira,
que ahora ves y ahora no ves.

Dirá: te regalo mi corazón,
lo guardaba en mi pecho,
brillante, como el placer
que algún día te daré.

¡Oh, aquella está perdida!

El poeta necesita estar loco.
Así esa voz, díscola e incontrolada,
que tantas veces embriaga,
que inventa sueños y eleva almas,
viaja en un fingido navío.
Disfraces inventa el que simula,
cuando necesita sobrevivir
al amor o al vacío,
a su impulso
de enriquecer un ápice
la esencia del mundo.



miércoles, 30 de mayo de 2012

Viaje



Cruzar avenidas
costeando
hasta llegar a un lugar sin importancia
en el día más claro y exuberante.

La vista, alineada cual bandera,
compone de colores en la vereda.
Ficus y jacarandas
son las márgenes de la carretera.

A ambos lados, aceras 
cargadas de gente que pulula.
A una hora en que la ciudad está viva 
y las tiendas palpitan.

Voy muy despacio 
para empaparme de la vida,
acallo la radio
y escucho el idioma nativo.

Palabras sueltas entran entrecortadas
por mi ventanilla bajada:
tarroa, oigo, y, sin haber visto a la mujer,
sé cierto dónde está, qué hace y por qué.

Me sobreviene una sensación tan clara
en la comprensión y el recuerdo
de sentirse como extranjero;
cuando todo es diferente, raro, nuevo,
cuando no entiendes los verbos,
los gestos, las miradas.

Tan fantástico veo el lugar que atravieso,
que comienzo a mirar con otros ojos
coloridos transeúntes:
distintos unos de otros:
gentes de cristal opaco,
jóvenes de largas cabelleras,
orondas señoras en floreadas prendas.

Hombres pasean sus periódicos
de cafés en esquinas y satúrnea tertulia. 
Cada uno habla, gesticula, 
en este idioma herencia de otras herencias.


Así, cumpliendo rituales
y acatando costumbres,
todos andan la avenida,
que, conforme avanza, tibia, se adereza
con más árboles y menos tiendas.


Y justo cuando se cruza un puente,
vertiginosa, una nueva avenida 
también plena de verde y violeta,
me despierta.


Súbito fogonea un limonero
que frena mi sentir de forastera
y recuerda que este perderme
-que me entretiene en un viaje 
fantasioso
y delicado y lento 
y alienado-
flotará hacia limones dulces
que duermen en mi mesa.


Videncia- Duy Huynh

miércoles, 23 de mayo de 2012

Arrepentirse es lo que todos hacen


No me acuerdo, ni recuerdo cómo te encontré, de qué pesadilla escapado te me topaste como un griego panza arriba que tantos siglos leyó en las estrellas el destino del Hombre y lo dijo todo una y mil veces.



Ni sé ni quiero saberlo cómo vives, qué haces en martes y jueves, cómo masticas, si sorbes la sopa. A mí qué. Si un relámpago beodo equivoca su rumbo y su ser y se convierte en rayo y te fulmina mientras seduces a la sirena en la orilla de alguna playa cotidiana y atestada. Alguna ninfa con cola de pez postiza: la mujer de tu vida.


Peor para el caprichoso de poseer a otro. Qué quiere. Moldear la noche y envasarla en palabras. Si juegas y te quemas y desapareces, siempre alguien te reemplaza. Tú serás siempre un tú, un ladrón, alguna quimera embustera, que emula los pasos perdidos del padre al que venera. 


Odiar la luz, la mañana, la luna dormida. 
Amar el olvido, la orilla, la musa.


El que sueña con marchar, ser Eneas, ser marino, náufrago, pirata. ¡Ese!
Destrozar la quilla contra el verso de la isla y ser somnoliento mientras duerme. 
Tantos hombres que ya fueron y nunca serán.


El brillo se apaga odiando, amando. Mancillando a la doncella para hacer que el mundo dé la enésima vuelta en torno al Sol. 
Si es una misión: navega, naufraga, sé Eneas. Pisa la flor, desvirga a la virgen y mata al ruiseñor para mañana huir otra vez.


Pensar suave, como estar vivo. 
Como saberse vivo. 
Como saberse vivo durante un tiempo indefinido. 
Saberse en este mundo por una larga temporada.


Si te haces viejo durante esos viajes que no has hecho, sabrás que la suavidad se disipa y un día aparece un quejido inaudible desde el centro del pecho que te avisa. Hola, ya acaba tu tiempo. Ve recogiendo. Lleva contigo, -te reto-, algo que hayas conseguido. Con nada de lo que has acaparado aquí te dejarán cruzar ese río. Y te arrastrará esa fuerza por más que te agarres y te quemes las uñas contra la tierra y hasta con los dientes te resistas. 
¿Pesadilla, dices? Tendrías que haber espabilado antes. Ni un paisaje retuviste, ni un sueño cumpliste, ni a una mujer de aquellas amaste. No, no hay prórrogas, aquí no hay revisiones, nada de esto se posterga. Ahora es ahora. Arrepentirse es lo que todos hacen.




lunes, 7 de mayo de 2012

Danzantes ruinas flotando en el aire

Todo pasa al mismo tiempo 
en el ágora de la ciudad antigua. 
Todas las amenazas y las caricias, 
ocultas en las escalas de la plaza:
las danzantes ruinas, flotando en el aire.


Lo que perturba al sacerdote
no es el crepúsculo de sus dioses: 
desaparición de los rostros jóvenes.


La destrucción de manuscritos:
incineración del cuerpo sabio. 
En un infierno.


Un funcionario anota un número.
Flama natural mas no humana.
Prefiero arder mil veces
a una tan solo ser quemada.


El hombre no escucha,
se atiene a sus ideas.
No trasciende a los recuerdos
de su propia muerte.
Vive en un mundo de ideas.


         A la medida del hombre solo su féretro
El cisne canturrea
        Precioso día para ser ave de fuego.


Un inmenso abismo se abre ante la palabra muerte
y, sin embargo, un íntimo sentido nos roza
en el instante del olor a sangre
que rezuma serenidad y consuelo.


El misterio se desvela.
Hay una mujer desnuda.
Está de espaldas
no podemos verla.
Nos despedimos de las ideas.
Ideas grabadas a fuego.
Ideas que huelen a humo.

Hacia lo oscuro, en lo profundo,
en la cueva donde habitan 
las respuestas... 


Mi esposa desnuda (1945) - Dalí

martes, 1 de mayo de 2012

Alas rojas


La lluvia recogida en el moño de tu copa,
como las lágrimas del águila de fuego
            que necesito.

Busco en vano el huevo preñado con secretos
mas encuentro
dioses que se transforman en seres insaciables
—escollos insalvables—,
hediondos dedos lampiños de curas
degenerados,
cientos de héroes acobardados
ateridos de realidad.

No hubo hallazgo valioso en este viaje
y vengo ahora a morir en el hogar.

Aquí estás tú.
Tú, que destilas la gloria,
que guardas en ti los seis cuerpos celestes
y todos los acentos y todos los continentes.


Vuelvo entonces a brindar con tu cabello
            que es como el viento.
Y bebo de tus palabras que son la única magia
            que reconozco.

Me olvido de lo trascendente en tus caricias,
Tótem esculpido en jade que me asimila,
deseo solo arder y ser ceniza.


lunes, 30 de abril de 2012

Hay un tiempo


Hay un tiempo para sentirse a salvo, 
para sentirse libres,
para sentirse plenos.


Eso cuentan las voces del coro
que leen mis pensamientos
como si fueran el eco
de algún aliento eterno.


Mas, llegado el tiempo,
unas cuantas palabras,
unos ojos azules,
un poema, 
una carta,
y la paz se acaba
y se viene el miedo.
Así se conoce la locura
y así, el desconsuelo. 


Pero tranquilos, dice el coro,
la desdicha no alcanza a todos.
Algunos nunca se lo permiten.
Se aferran a certezas convencionales,
a pócimas y códigos solemnes,
a fuegos artificiales,
a fútbol, hijos y mujeres.


Para otros, sin embargo,
el tiempo de sentirse libres, 
de sentirse a salvo, 
de sentirse plenos 
habrá pasado, dejando un vacío
que solo llenarán en sueños.


Dream-Anita Kreituse






miércoles, 25 de abril de 2012

Ich

Ich habe Brot und Butter. Heiße Milch mit Zucker. Ich mag Fassbinder. Ich weiß, wann, ruhig zu sein und sprechen hinter vorgehaltener Hand in der Früh, wenn nötig.