lunes, 30 de marzo de 2026

Hablando de tiempo

Para mí ahora, un ahora largo como una endodoncia, el tiempo camina delante y yo tras de él con la lengua fuera, viendo como, según pasa, se va borrando. Y llegará el momento en que no haya rastro que seguir. Y me quede corriendo en el vacío. Perdida. Sin saber bien si voy al pasado o doy vueltas en círculos por un presente protagonizado por otra. Otra que se llama como yo, que huele como yo, que posiblemente a estas alturas oiga la misma música que yo, que vote al mismo partido, que ame al mismo hombre. Así que tengo que correr más. Para no perder de vista el tiempo que avanza raudo y me deja atrás y sola. Y va a doler. Y el dolor empieza en un momento casi definible, posible de señalar en calendarios, pero no acaba. O al menos no para mí, no desde que comenzó hace una vida entera, una generación, diez viajes, 3000 martinis, 20.000 euros en gasolina. Un millar de exámenes. Cuatro tesis doctorales. Antes de las relativas semilibres, mucho antes de las ORAE, del optimismo,  del amor. Tanto tiempo que no se puede medir porque está en el agua y llena tus pulmones de un líquido espeso como de arena de relojes que cronometran tu respuesta. Así que tengo que correr más y estoy cansada, pero si me quedo atrás, dejaré de existir aquí en tu misma dimensión o, quizás, veré como el universo se achica, embebe, deja sin espacio al espacio, me aprieta como una faja de acero con tornillos de inquisición y va comprimiendo todo, haciendo de mí un amasijo de carne, huesos, vísceras, sangre, ruido. Ruido del no respirar, del dolor; ruido de despedida. 

No hay comentarios: