martes, 21 de abril de 2026

Tiempo muerto

 A veces el futuro se parece tanto al pasado que todo queda suspendido, cancelado, iluminado por una vela, capturado en una foto sepia.

No hay instrucciones,  líneas azules pintadas por los suelos que supuestamente te ayudan a orientarte, porque así es como esta todo: desconfigurado y borroso. Manchas como relojes de sangre que anulan la ciencia. Respirar como única prueba y el gorgoteo continuo y las persianas de cuerda y la sesión doble con nodo por medio. Buscando la llave. Que está en el otro bolso, que está en la otra habitación, que está en otra planta. Recuerdo alarmada que no he regado desde hace mucho, desde el tránsito de aquel año a este. Imagino mis macetas como casas vacías, habitáculos de flores secas, pequeños ataúdes abiertos, decepción de abejas y de vecinas entrometidas.

Pasa el carrito, pasa de largo. Es, como este sillón, parte de un tiempo incomprensible, en que todo pesaba tanto, se oxidaba, se desconchaba,  seguramente era tóxico. Y, sin embargo, ahí va, tomando ruidosamente una curva, repartiendo manzanilla y leche. Me manda su visión al futuro del pasillo del avión con sus carros ligeros, llenos de bebidas de precios desorbitados y perfumes libres de impuestos. Y miro a mi lado por si estoy sentada junto a la ventanilla o tú estás a mi lado. Y un ruido gutural me trae de vuelta al pasado, a siempre, a todos los pasados en uno. Y me conformo hipnotizada por la penumbra y los fluorescentes, la apergaminada cara, la insistencia de la respiración. Esperando.

No hay comentarios: