domingo, 31 de julio de 2022
Polvo
El tiempo pasa que es un horror. Sí. Rápido y cada vez más rápido. Hoy, echándote de menos, he releído toda nuestra correspondencia y vaya si hemos escrito, nos hemos querido y nos hemos odiado. Y eso que estoy molida, me duele todo. La semana, devastadora, y estos fríos tan malos para los huesos. Y tú, que no acabas de reconocer quién eres y el rollo de tus padres, los vecinos y la gente. Que a estas alturas del siglo XXI, ya o te matan (que la regresión es un hecho) o te aceptan gloriosamente como la niña, la niña, la niña, qué tiene la niña. Pero no. Vernos a escondidas. Mentir a tus otras amistades (porque eso soy, ¿no?, otra amistad). Y soltarme la mano en cuanto llegamos a tu barrio. Pero, cojones, el tiempo ha pasado y ya son años (con -s porque es plural, id est, más de uno) y seguimos igual. No seré de esa gente que diga que me has hecho perder el tiempo, porque el tiempo no se ha perdido, ni nos ha vencido (a mí me ha quemado, pero eso es para otra entrada menos festiva). Se ha sido feliz, infeliz, psicópata, acosadora, víctima y culpable. Se ha molestado a los vecinos, ha habido voces y llantos y rupturas de dos días y reproches por ambas partes. En fin. Que en nada, llega el día 2, y es la fecha en que celebramos el milagro de no habernos separado. Y sé que tú, porque lo dices todo el rato, estás loca por mí. Y yo, bueno, vaya, te quiero y me costaría un huevo prescindir de ti. Amor entre el viento y la marea y las ballenas comandando naos desesperadamente inverosímiles. Como si otra nube roja escupiese sobre nuestras cabezas polvo rojizo y dejase todo borroso y sucio y raro, sobre todo, raro. Una calima de amor, odio, vergüenza y felicidad. Un polvo que nos ha cubierto y nos ha hecho parecer pelirrojas, acartonadas, secas, brillantes. Si sale el sol es peor. Si no, tampoco es mejor. A lo que iba. Yo solo quería felicitarte el aniversario antes del día 2, por si no llegamos, por si el 1 se jode todo y el 2, ya ni nos hablamos. Que recojas tus camisetas y minifaldas y las medias. Que esta no es tu casa, que si no podemos contarlo, no vale para nada. Pues, no, pues me arrepiento de ser tan necia y qué más da si no se puede contar. Que estoy de acuerdo. Lo entiendo, lo admito, lo consiento. Nos escondemos bajo una sábana manchada y seguimos sin el resto del mundo, polvorientas, con la ropa interior desperdigada por el suelo. Tu pelo suelto, dejando rastros en mi ducha, en mi suelo, en mi lavabo. En mi interior. Ese pelo moreno y largo con ondas que desafían el viento y siempre (dios sabe por qué o cómo lo consigues) está suavísimo y huele a polvos de talco. Me siento al borde de un abismo del que no, por miedo que tenga, me voy a despegar y eso que sufro de mal de alturas, agorafobia, sinceridad aguda, extroversión fatal y desesperación total (diagnosticada). Te espero. Esperaré al día 2. Para escondernos de lo que te asusta. Para, una vez escondidas, vivir del polvo rojo y único que la casualidad hizo que nos fuese imposible rechazar, imposible olvidar, imposible volver a vivir sin tu tacto y tu olor de tierra desértica, arcilla desmenuzada. Te regalaré pastillas para el olvido, cápsulas de valentía, humo de superioridad. Haremos una fiesta en clandestinidad. Una macrofiesta con luces rojas, como nuestro polvo, para dos, sin sitio para más.
martes, 19 de julio de 2022
El mundo arde. Y yo ardo con él
Despierto. Aunque no estoy dormida, despierto. Sé que no estoy dormida porque, cuando duermo, me duele todo el cuerpo. Y ahora solo me duelen otras cosas. Él dice "lo siento", yo digo "no, no lo sientas". ¿Cómo no te iba a querer de un día para otro? Me cuesta decidir dónde van los puntos, dónde van las tildes, dónde encajo yo en esta marea de noticias desesperantes. En la fatalidad, -oh Leoncio-, de ver la montaña rusa que son algunas vidas. En el despropósito que es conocerme y olvidarme a un tiempo. Las cosas de esta época son, al menos, estimulantes, no como si lo estimulante fuera bueno, pero creo que tengo la suerte de vivir tiempos extraños. Y lo extraño es siempre interesante. Y lo interesante es siempre inspirador. Y lo inspirador hace que la vida tenga sentido, aunque se quemen bosques perfectos, aunque todo se desmadre, aunque hasta la protesta del más obtuso de los imbéciles que escribe en twitter (vaya tela de mundo) sea un motivo para cambiar el rumbo de un país, de un continente, del puto entero Occidente. En fin. Esta época. Con sus terremotos, sus escándalos, sus volcanes, su cambio climático, con su no saber si lo que lees es verdad o mentira, con pasar del telediario, con todo el mundo ardiendo del calor y la dejadez, con los drones grabándonos follando, con música clásica remasterizada horteramente, con un ejército de hormigas en las cunetas, como avisando: ¡Aquí! Con la vuelta atrás del pensamiento, ¿pensamiento?, humano, con la decisión constante y deprimente de dejarte todo el rato -a ti, mi amor-, de lado. Con la convicción de que algo peor vendrá y espero verlo para contarlo. Se nota que leí mucha poesía y muchas historias desastrosas y que todos somos Henry y Henry somos todos. Y me doy un poco de asco. Otra vez, siendo egoísta. Otra vez, pasando páginas escritas en ebriedad, viendo y pensando, sí, que es la mejor época para que alguien curioso por los cambios, por terroríficos y acojonantes que lleguen a ser, está aquí para dar fe, cual notario impertérrito, pero sin estudios ni imperterritez.
Pensando, pensando, es que ser alguien transfronterizo en el tiempo es un lujo, pues si la hubiese diñado cuando debía, no habría podido ser. Que sigo viva y este desastre es mi algo que contar.
viernes, 15 de julio de 2022
A una
Sea por lo que fuere, a una le gusta la gente que realiza trabajos útiles y que ayuden a vivir mejor a los demás. Un poco como Will Hunting, creo que es mejor hacer casas y ganar poco que derruirlas, jugar en bolsa y hacerte rico, con cochazo y mujer e hijos rubios con cuatro apellidos. Llámenme imbécil. Si tengo que elegir entre alguien con tres másteres (de pago) que tiene una mansión o un guapísimo albañil que está todo el día currando al sol con dos botellas de lanjarón rellenadas con el grifo, me quedo con el número 2. Qué hago. Estoy de seres pedantes y adinerados, de buena familia y con mil compromisos, hasta el copete. La verdad. Y, aunque más me valdría hacer de mi escaso atractivo y los días que me quedan de juventud para hacerme con un buen partido, prefiero hartarme de reír, oír frases que ninguna dama debería oír y ser feliz así "en plan barrio", porque también una fue de barrio y cuando oye hablar su "dialecto" se le saltan las alarmas de las simpatías, la alegría y el deseo. Arruinadita, pues, como en una copla de mucho folcklore y machismo anticuado, va una por la vida, rechazando propuestas de abogados no tan feos, mas idiotas y sin gracia. Y creo que me quedo para vestir santos, pero -oiga- con mi dignidad intacta y con amistades normales sin rango ni alcurnia, pero con muchas risas. Seguramente, esto debería tener un final, una conclusión, un consejo, una cosa de esas que tienen los cuentos medievales tipo el Conde Lucanor. Como una moraleja, que ya me suena a barrio pijo y no la uso sin ser la pobre palabra término desagradable en su sentido ni en su forma. Pero prefiero no dar consejos que el conde sabrá qué hacer y yo, aunque no lo sepa, ya veré con quién comparto mi tiempo y de quiénes me alejo pitando con excusas muy educadas.
A vivir, que son dos días y ya he gastado tres. Besos, hermanas. Abrazos, resto.
PD: Habranse ustedes dado cuenta de que no he incurrido en la conversación de ascensor, harto necesaria por otra parte, de qué mierda de puto calor hace que nos vamos a morir. Ni he hablado de las cantidades de hormigas y cucarachas que he tenido que masacrar estos días para mantener mi casa a salvo de asquerosos bichos preludio del fin del mundo. Lo hago por ustedes. No querría que pensaran en mí, toda señorita, pisando descalza arañas e insectos que parecen alienígenas con una sonrisa de maldad disfrutona en la cara (yo, que los bichos -estos al menos- no sonríen). Así que no lo digo. De nada.
PD2: Una postdata es poca cosa y creo que merezco decir que hasta el maldito lunes con sus obligaciones de mierda no me pienso poner sujetador. (Pal que no lo sepa soy una tía, aunque no lo parezca).
viernes, 20 de mayo de 2022
No entres dócilmente por el aro
Todos sentimos un gustito de autocomplacencia cuando nos dicen lo listos, lo guapos, lo presentables, lo bien que hacemos todo. Qué persona maravillosa, cuánto quieres a tu pareja. Qué ideal que eres. Qué perfección de carácter, qué divina tu paciencia. Y así, conformando al mundo, pasas la vida quedando bien. Ole. Pero, pero, pero... para mí que saber estar no es saber ser.
¿Y esto? ¿A qué viene? Bueno. Os cuento. La verdad. Tuve una noche mala. Metí, -me dicen-, la pata. Yo no me acuerdo, pero me lo creo, porque la gente me ve y se aparta. No sé qué hice, pero, dados ciertos antecedentes, debió ser un circo sin sol (porque era de noche). En fin. Mi política de autoindulgencia me obliga a perdonarme cada domingo de resaca. Encima, como no me acuerdo de nada, salvo que un pepito grillo venga a tocarme los cojones, todo me parece hermoso tras un par de ibuprofenos y tres o cuatro cafés. Pero, claro, pasa el tiempo... La gente se aleja y te quedas solo. Y esto inspira, no crean, inspira mucho y te da una lección de vida. Lo de la soledad, digo. Que te dejen atrás, que te abandonen. A veces, a algunos les remueve las entrañas. Y me da por pensar qué digo, qué les digo, qué me digo.
Pues que la soledad, la sensación de soledad aturdidora, ensordecedora, dolorosa, no te confunda. Que es solo eso. Una sensación. Y, como cuando estás a dieta, te falta algo, sientes un vacío y te apetece mortalmente comerte un quilo de helado de chocolate. Cualquiera, por tonto que sea, por anuncios que vea, por más películas américanas que se haya tragado en su adolescencia, sabe que el helado de chocolate, al rato, solo pide más helado de chocolate. Y te "cura" solo en ese rato de devoración depravado y vacío. Después, encima, estás más gordo, abominablemente lleno de granos y espinillas, o peor. Y que algunos, para más inri, desarrollan alergias. Para eso, mejor una secta (y así segurísimo que ya no estarás solo), o ausencia meditativa, o gimnasia compulsivamente exigente y repelente. Lo que sea que te engañe. Si la soledad te empuja a que no digas no, cuando lo que quieres es decirlo, pues menudo error, por más que así sí gustemos a todo quisque.
Saltando de poemas a ensayos y novelas, te puedes dar cuenta de la desdicha que da pensar demasiado en el ombligo de uno. La propia estima, que dice el personaje que anda por ahí, está muy bien para negarte a vivir como te dé la gana. Más vale, digo yo, no pensar en cosas baldías, en cuestiones pasajeras, en lo que un día es hermoso y, al siguiente, una pesadilla. Autocompasión heredada. Vaya, que si no te dejas engañar por la soledad, puedes estar tan a gustito con tus mierdas de libros, música, puestas de sol, delfines que saltan frente a ti mientras el mar te arrulla, canciones y bailes y risas en la terraza de alguien que aún no te desterró. Pero nos la pasamos sufriendo, a veces, siendo obtusos, torpes y desagradecidos con la vida. Así que no. Que si la lías parda un día o dos o trescientos, mientras no dejes cadáveres por los suelos, da igual. Que la vida es muy corta y no hacemos mal a nadie, salvo a aquellos que sienten que lo estás haciendo mal. Que ya podrían ocuparse de sus cosas, joder. En fin, pues eso. Que el próximo día, lo haré igual o peor, porque me da la gana no sucumbir. Esto ya es, -me parto-, cuestión de principios.
martes, 17 de mayo de 2022
Cosas
Es verdad, es verdad... He estado de mala leche, digamos, últimamente. Sí. Que lo que he hecho, dicho y escrito era negativo, que no pegaba conmigo ni con nadie. Pues sí. Ahora que estamos en una primorosa primavera y que to quisque ( leguaje inclusivo, o qué) esta feliz. Me planteo el porqué de mi mala leche. Igual me estoy pasando con las transcripciones de alegaciones fiscales de la Inquisición. Con su Cruz Verde, con sus cárceles secretas, con su torturar hasta hacer confesar. O es que estoy to loca, o es que no debería leer el periódico y ver cómo se violan mujeres y niños con excusas de una guerra, o es que me falta vitamina E, o C, o D, o qué cojones sé. La cosa. Reconozco que he estado muy desagradable, que no se me ocurría nada bueno que escribir. Y la verdad siempre he sido una persona con sentido del humor, y el que me trata sabe que no emano mal rollo, excepto alguna única excepción. Siento ponerme del lado de la la oscuridad y lo lúgubre, haciendo aquí tan buen tiempo. A veces, se me acaba el tabaco, el helado de chocolate, las pipas y me miro en el espejo. No. Mal hecho. He de decir que me disculpo por las maldiciones que he echado a los imbéciles ricos de las motos de agua, a los vecinos que hacen obras a las 7 de la mañana, a la gente que me llama para ofrecerme una tarifa mejor. De veras, os odio, pero lo siento. Me disculpo. Pienso, a pesar de todo, que vendrá un tiempo en que todos serán felices y estarán morenitos y que, tras los finales, se la/lo rascarán como es lo propio. Y que algunos harán las maletas y nos dejarán atrás (alabado sea el Señor) y otros se quedarán con su rubia/o (no se me olvide) y su puente sin caerse al río cuando se despierten. Que todos tengan cumplidos los deseos que pidieron cuando soplaron pestañas y que yo no vuelva a ser una arpía que amarga a sus pocos (y cada vez menos, me temo) lectores. Hala. Feliz miércoles al sol (lo del lunes está muy visto y el martes está ya pa acabar). De verdad, que mirando mi minijardín y viendo las rosas florecer, se me pasa el mal de cualquier color, sea de amor, de salud, de .... Vaya, que se me ha pasado, que se me pasará y, si no, ya están las citas de Santa Teresa para ponerme en mi lugar.
AMOR Y FLORES para to quisqui.
jueves, 28 de abril de 2022
Agorafobia 2.0
17:00 h, en un pueblo español anónimo, a orillas del Mediterráneo, donde ora llueve, ora hace sol, ora se levanta un viento huracanado, ora tenemos una plaga de barro que -insisten- es polvo desértico. Salgo de casa, tras días o semanas, por cuestiones burocráticas que, ¡oh, Dios!, no se pueden resolver de manera telemática. (¿Es que no hemos aprendido nada en estos dos años? Pues se ve que algunos, no).
17:35 h, vuelvo a casa con cuatro cajas de café y dos de desodorante, con taquicardia y otro porrazo en el coche. Claramente, mi plan es no volver a salir jamás.
17:40, mareada por el aire puro, rezo para que me dejen en paz.
Fin
PD: Transcribo este parte ahora (22:46 h) que han dejado las manos de temblarme.
jueves, 14 de abril de 2022
Yo tampoco he comprado los billetes
Hay días en que no distingo entre el amor, la ternura y la piedad. Entre el miedo y la verdad. Hay días a estas alturas en que las mayúsculas me dan igual y qué importa o deja de importar. No discierno (así, intransitivo). Pero no puedo elegir... Elegir, S. Elegir. Y veo a largo y medio y corto plazo, problemas y más dilemas. Si me quedo, si me voy, si me importa o qué. Y ahí vamos. Envidio con rabia a quienes, como yo en otra época, sabían lo que querían. Admiro su suuesta seguridad. Ya viajarán en el tiempo, ya. Y verán si acertaron o erraron y si valió la pena quedarse o marchar. Nadie sabe qué va a pasar. Algunos, eso sí, se cogen la manta y se van a dormir al raso y, después, con dolor reumático y arena en las orejas, se sienten dignos o unos pringaos. Tengo billetes sin comprar a Venecia, a Estambul, a Polonia, al hospital. Por ahora no pago ninguno. Ni los compro ni los dejo de comprar. Hay ahí en mi sofá de diseño un alma roncante que me pone de los nervios y me impide decidir.
Yo no sé dar consejos, ni me gustaron ni me parecen buena idea. Son, como las setas esas del campo que o te sanan o te colocan o te envenenan.
He aquí mi circunstancia, miles de años después, mi opinión, la de entonces y la de ahora, no se va a cristalizar en consejos inútiles y baratos; gratis porque a una no le cuestan. Bastante tengo, amiga, con decidir si me echo la siesta con él/ella o me voy por ahí y que el sol salga por Antequera.
Suerte, amor de niña. Recuerdo de mis días de indolencia. Aprende mucho y respira aires nuevos sea donde sea.
PD.: Uy, y recuerda Toy Story, ya que estamos en plan referencias posmodernas: "el gancho, el gancho" que decían los muñequitos de la máquina del Centro Comercial de turno.
domingo, 27 de febrero de 2022
Mis vecinos y sus mierdas o De la pasión como excusa
Hace un día como para encender la chimenea, pero en un octavo de un bloque de pisos de Protección Oficial (VPO), ni de coña. Me lo he alquilado para estar al lado del cole donde cubro una baja por depresión de un profesor que está hasta los huevos de los niños. Pero no es de eso de lo que quería hablarles. Tengo tendencia a irme por las ramas y esto no tiene nada que ver con lo que quería contar...
Hay una historia que observo desde la casa de al lado. Cotilla, espío. Mis vecinos tienen la costumbre de hablarlo todo en el balcón que da a mi casa y, claro, escucho, y ya este es mi culebrón particular. Enganchada perdida y a ver cómo acaba. Parece que, rondando la cincuentena, se han encontrado por suerte o por desgracia y están intentando quererse. Y yo diría que se quieren estos dos. Pero, pienso, a estas alturas tienen más pasado que futuro y, para mí, que eso les acojona. Tienen una tendencia a mirar atrás y contar historias de pretéritos idealizados, de viajes y relaciones sexuales, cada cual, como haya sido, siempre habla más de la cuenta. Digamos que uno ha tenido muchas y maravillosas largas y perfectas convivencias. Joven, fuerte, entero y feliz en épocas de belleza y esplendor en la hierba. Ahora, normal, todo ha de ser peor. Entre achaques y otras mierdas. Y la otra no sabe lo que es convivir, compartir y no es muy crédula, salvo por una bonita historia con el amor de juventud. Cada uno carga con sus muchas maletas. Salud, hijo, rarezas acumuladas como tradiciones de vida, cotidianidades que ahora, si es que se quiere, hay que revertir. Y un halo de desconfianza serpentea siempre en el ambiente, en forma de conversaciones, que yo oigo cada vez con más interés. A ver cómo acaba esto. Juraría que estos dos se aman. No como debería ser una relación a esas alturas, creo. A esas alturas todo habría de ser más plácido, relajado y la experiencia debería haberlos hecho más sabios. Pero no. En mi pequeña opinión, ambos comparten cierta carencia de madurez y, ora están apasionadamente ruidosos, ora discuten como adolescentes molestos por algo que uno u otro ha dicho o ha hecho. Y pienso yo, que no me gusta juzgar lo que haya entre las parejas, que si sobreviven a tanta ruindad, es o que se aman locamente o que están locos y ya. No lo sé. No lo sabrán ni ellos. Pero aburrir no aburren, eso es verdad. Ya yo me he comprado un audífono, una manta eléctrica y un cartucho de pipas para los viernes y sábados noche. Y sé que está feo, que lo sé, pero una está muy sola y aburrida y ha de vivir también, aunque sea a través de las historias de los demás.
Ahí van. Estos dos. Ella tiene un punto bocazas y, aunque madre de familia y profesional intachable (hasta donde conozco), siempre ha vivido muchas historias de pocos meses con todo tipo de personajes. Sabiendo eso, estoy con él en que no es de mucho fiar. Y aún así, parece desde fuera que la mujer lo intenta. Él no para de hablar, también es verdad. Y ya me sé los nombres de todas sus esposas y los de las que no fueron sus esposas y cómo ha sido de feliz en un pasado que retiene y recuerda vívidamente y con el que debe ser difícil competir. Y la cosa, a veces, preñada de desconfianza e inseguridad, impide al vecindario dormir. Los vecinos chismorrean y me preguntan y yo miento cual perra y digo que yo con el Dormidor no oigo una mierda y que no sé de qué me hablan, ni lo quiero saber.
Yo, ya les digo, no voy a dejar de enterarme y si un día dejo de escuchar gemidos y/o peleas, sentiré contarles que su idilio se ha ido al carajo. Espero que no. Lo que me aburriría yo. También, yo no soy ludópata, pero me gustaría tener alguien con quien apostar, un grupillo de gente con que hacer una porra. Ella lo ama, él al final se convencerá de que ella es de fiar. Se relajarán y serán vecinos maravillosos que pondrán la música a toda pastilla hasta el amanecer los fines de semana y los miércoles (que no sé por qué coño les da por jodernos ese día también). Verán pelis abrazados, comerán paella los dominigos, no tendrán hijos (gracias a Dios) porque ya no tienen edad, saldrán juntos a andar como las viejas del pueblo y los veré en el supermercado comprando chorradas para comer, que ahora comen poco.
Yo digo que les saldrá bien, porque en el fondo me gustan y me gustaría que aprovechasen esta última oportunidad (yo como soy joven, pues veo el amor geriátrico desde mi perspectiva).
Hala. Pues eso. ¿Que si hacemos una porra, lectores, y ya les voy reportando?
Fdo. La vecina de al lado, que no tiene vida.
Tenía un título de puta madre hace 10 minutos, pero se me olvidó
Ya, ya. Ya sé que están pensando. Es sábado y son las tantas y esta está borracha. Bueno, pues no.
Decía yo que nunca se sabe, porque las cosas son así. Que te las ves venir, pero dices que no y que no. Que aquí no estalla una guerra y quien me quiere, me quiere y yo no voy a tener un cáncer, que eso le pasa a otra gente. Y de repente, te jodes, porque va y pasa. Y tienes que huir a lo que dé el cuerpo y la bolsa y no por ese orden. Eso.
Y como que, estando yo tan tranquila en mi puente con mi rubia y todo el chiste, va y me cae una lluvia radioactiva que ni Chernobil. Así. De verdad, fuego cayendo. Y yo enmedio. Sin saber cómo, que por aquí, quitando la fábrica de cemento de La Araña no hay una mierda más que hoteles y chiringuitos y campo con aguacates, mangos y gallinas sueltas. Pero hete aquí que a mí y solo a mí me cayó toda esa mierda.
Ahora, medio riendo, medio llorando, hago mis maletas para irme a otro lugar que ni ganas; sin embargo, cuando te toca la cosa chunga, te toca y no queda otra. Y solo me quería despedir. Ahora, corazón roto, quemada, sin norte ni ahorros sentimentales, me queda buscar un sitio donde vivir...
Bueno, no pasa nada, hay gente que está peor, -me digo. Pero, vaya, que si tienen donde alojarme, por favor, me lo digan por aquí.
Me piro, que esto es un infierno. Suerte a los demás.
Mientras me ofrecen refugio me quedo a dormir al raso que, con tanto seísmo, me acojona dormir en mi cama.
Pd.: Vaya semanita, hermanas.
miércoles, 16 de febrero de 2022
hablando de madres y de amor y de sintaxis
Ay, señor académico. Si la sintaxis habría que borrarla del plan de estudios, que ya lo dicen las madres de los que suspenden y usted con su sillón, que yo no digo nada, pero igual le queda grande. Porque, a ver,... después cuando ya nadie sepa lo que es un objeto directo, cae el latín, y, por supuesto, el griego (qué pa qué, joder, si eso queda lejos), y qué coño, cualquier cosa que se les ponga a todos por medio. Leer y escribir. Así se aprende a olvidar. Ah, el humo del olvido... Pero, se me ocurre, cómo cosería usted las palabras sin sintaxis. Cómo me diría nadie a mí que, aunque te quiero, te dejo. Cómo, a ver, me dice o le digo si no sé si es usted el objeto directo de mis penas o un indirecto, dativo de interés, o qué mierdas sabría ya nadie qué es un régimen verbal, porque cualquier preposición va bien bailando con el verbo que fuere. Pues eso. Que como buen idiota, tiene usted la razón.
Futuro de subjuntivo, ausencia de hospitalidad, falso amor sobre más falso amor, sonido de latas por encima del ronquido del mar, nubes que ocultan la luna, discos sobre libros sin hojear en una estantería de Ikea, arrugas en la frente, en los ojos y en la mente, arrugas en la comisura de los labios, secos los ojos y con llagas en los ganglios; y hablar por hablar, eso sí, solo hablar sin que nada enlace con nada ni nadie quiera escuchar.
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