miércoles, 7 de septiembre de 2022
Queridos tribunos
Esto ya es hasta conveniente. La verdad es que me viene bien. Y que no voy a nadar contra corriente (cojones, venga pareados, ni el puto Lope, que segurito que es pariente). Y a lo que voy. Que no es nada poético ni interesante. Que sé de buena tinta quién de vosotros ha escrito esa última mierda, que es lo que os alimenta, porque piensa que su novia está buena. Y yo, que sé cuando una tía está buena, ya te digo que no, colega. Que lo siento, pero no. No está buena. Que tiene una cara mona y pesa poco, pero buena, lo que se dice estar buena, no lo está ni lo estará. Además, por más que finjas faltas ortográficas, te delata cuando -sin querer- puntúas medio bien.
La cosa. Me da igual. He aprendido a dejarme llevar, en plan zen (no estoy segura de esto). Que todo fluya (de esto, tampoco). Que lo que tiene que pasar, pase, y tal. Y esos insultos me parecen pueriles y ese esfuerzo por estar, ser, parecer, me da pena. Así que lo dejo todo como está. Sin mandaros a tomar por el culo, que ya querría más de uno de vosotros. Sin corregir, sin borrar, sin tatuarme: "Me cago en tus putos muertos A..." en Gothicanoséqué. Sin nada. Hala. Mi página es vuestra página. Mi sitio, el vuestro, mis lectores no sabrán si estamos locos todos, o soy yo sola la que estoy loca. Clientes que no pagan, no pueden reclamar. A Antonio Orejudo le tengo devoción, como los de "Amanece que no es poco" a Foulkner (Fulner?) o más. Así que andad, dad la lata. Que se nota que os aburrís y eso es triste de cojones. Porque, otra cosa no, que no digo nada de vuestras deformidades, pero el aburrimiento es de otro siglo y aquí viene bien saber que hay desgeneracionados-desgraciados sin nada mejor que hacer que entrar a hurtadillas, mientras yo -por decir algo- tengo sexo salvaje o mejor, y se creen divertidos y medio importantes. Colegas, no es por ofender a la gente que entra aquí y lee (hola y adiós, me temo), pero esto es un páramo y un desierto. Y para daros notoriedad, buscad otro lugar que, creo, alguien se ha ofrecido diciéndonse nocturno, alevoso y tan masoquista como yo.
PD: Que os toque la lotería, encontréis un fardo de chocolate en la playa de Torredelmar o que ocurra la improbable idealidad de un aprobado general y acabéis la puta carrera.
PD2: Todo sin acritud. Sonrisas. Pulgares parriba, al centro y pa dentro.
PD3: Inocente lector, mis respetos. Gracias por sus instrucciones. La verdad (entre nosotros) no puedo cambiar la clave porque se me ha olvidado y la máquina esta es muy suya y no me deja hacer nada si no me identifico como dueña, propietaria, creadora y madre del blog. Espero disipar sus legítimas dudas y que entienda que esto es un frenopático virtual.
sábado, 3 de septiembre de 2022
Ke ase, Pili?
Ola, Es savado. Y la loca del blog debe estar con el novio ese que se ha echado, renegrío, larguirucho y con pinta de tener mucho de gitano. En bolas, él, y descalzo, armando un escándalo que los vecinos estarán, creemos, recogiendo firmas. A saber. En fin. Que no es muy lista. No decimos nada de su inteligencia, que conste. La mujer estudió y bien, pero lista, no es. Cómo cojones (por eso cómo va con tilde, colegas) nos dio permisos ilimitados para jugar, entrar y salir, escrivir, y hacer de este el lugar de desahogo de unos/as/es cuantos, cuantas, cuantes, medio desconocidos/es/ as etc... Sí, ya. Que le va la marcha y lo suyo es probokar. Pues que se joda. Aunque probablemente, ya lo estén haciendo. Emberdad, nosotros nos juntamos para cosas más interesantes. Hablar de los límites del universo, de la vergüenza que nos da la gente que no tiene güevos y se dice agnóstica. Pintar arrobas para despistar en las paredes del vecindario. En fin. Los fines de semana. Qué os cuento. Pero hoy es un día anodino, falso alargamiento vacacional, una mierda, porque tenemos exámenes y ya no nos gusta ni podemos hacer lo que solemos (que no me da la gana de contarlo). Y decimos, a ver, tí@s, qué coño hacemos que moleste sin quemar recursos naturales ni destruir bienes comunales que hoy no pega. La playa, impracticable. Holas, ruido, desesperados domingueros aguantando el vendaval y dejando que los hijos se les ahoguen porque no les llega para los uniformes de todos. Ya ahorraron en preservativos y, claro. Ahora ya no hay vuelta atrás. Y lo de la ley del aborto nos llega tarde a todos. Es que ahora ya tenemos 400 niños, porque nos gusta follar. Y lo de los preservativos está muy caro, antes, ahora y después. Que venga vacunas, pero de otras cosas ni hablamos. En fin salimos de un curro, que os ahorro (aorro???), sudados y con muy mala leche. No somos nosotros de comer y echar la siesta. Somos de Ciencias. Entiéndase. Así que benimos con la mala leche que te da el septiembre este, esperando un tornado que por nuestros cojones no va a haber y no nos queda otra que machacárnosla frente a internet. Y, claro, los vídeo son tan tan tan buenos que en diez minutos o menos, estamos todos/todes/todas, de nuevo sin nada que hacer. Y aquí va el desahogo. Anonimo para vosotros, no para la idiota. Así que Ola Ke ase Pili. Te joden nuestras palabras. Biba el Bino, Biba Galicia, La Estrella, y mi novia que está muy buena.
PD: La culpa es vuestra por leer.
PD2: Lo hemos estado hablando y lo de llamar al novio de esta gitano puede parecer racista o algo. Sabemos, porque somos de Ciencias, que la cosa anda regular con este grupo étnico en particular. Y debemos decir, sentimos que tenemos que hacerlo, entended, prigaos, que nos ha salido sin querer, pero ahora nos alegramos. No somos asín. Pero que esto le jorobe es una prioridad.
PD3: Queremos que gane el Betis. También por joder y porque much@s somos de Sebiya.
martes, 30 de agosto de 2022
Tal día como hoy podrían haber tomado la Bastilla (o cualquier cosa)
La culpa es mía. Compartir este espacio con otros que escriben, gente analfabeta, gente borracha, gente sin horarios ni credos ni hostias, fue un error. De tarde en tarde, entro en el oscuro lugar, esto, escondido, sin fondo, sin forma, sin mucho sentido, y veo escritos que obviamente no he escrito yo, porque lo sabría y porque no entiendo nadita de lo que cuentan. Y sé que alguno de mis compinches con clave han hecho de las suyas. Y aunque da igual no entender una mierda, da rabia lo de las faltas ortográficas. Estoy por cambiar las contraseñas, las señas, el lugar, el color, todo. Coño. Cambiar todo. Y bloquearlos por todos los sitios en que se pueda bloquear a la gente. Pero ya saben que no. Que ladro, pero no muerdo, que arreglo un poco la ortografía, estilo maestro Korreas, y ya me quedo tan ancha, si bien mosqueadilla, pero lo dejo así, aunque no sepa de qué coño hablan. Me entra la paranoia. ¿Hablan de mí? No. Joder. Egocéntrica. No le importas un carajo a nadie. Menos a estos subnormales. Que si les haces falta, te vienen a ver y, si no, te escriben cosas raras en tu blog. En fin que menudo terral, que qué lluvia tan fea, que qué desagradable te pones cuando las cosas se ponen feas, que esto y aquello y ya paro que parezco uno de ellos. Farsantes. Mentirosos que quieren verme porque no tienen dónde caerse muertos. Falsarios, fariseos sin blog ni lugar en el mundo. Os detesto. Que lo sepáis. Y, porras, no escribáis más que dan arcadas. Malditos acólitos (acabo de aprender esa palabra y tenía que usarla), idos todos al blog de otra incauta loca.
lunes, 22 de agosto de 2022
Take this Walz
Es bonito el sonido del viento en los plásticos superpuestos en ventanas sin acabar. Ojos que miran al mar, borrosamente, porque el plástico no es cristal. Bajo mis ojos, enanos hoy, hay lunas crecientes del revés, de un gris oscuro que se ensancha y oscurece conforme pasan los días. Mientras, el viento, alegre, juega con mis ventanas de mentira, rompen el silencio y suenan como música celestial, que recuerda algunos momentos en que entre plásticos se fue muy feliz.
El suelo está limpio, hay un colchón y luces y músicas tenues. Era verano, o a lo mejor no era solo verano. Hubo canciones y risas y bailes y orquestas en mi mente que tocaban un vals de Leonard Cohen, que no es vals, pero los representa. El único momento que era verdad cuando lo escuchamos. Mientras buceábamos en músicas de todos los idiomas patrios, sintiéndonos parte de alguna patria llamada nosotros.
Un poco de Keats
I never knew before, what such a love as you have made me feel, was; I did not believe in it; my Fancy was afraid of it, lest it should burn me up. But if you will fully love me, though there may be some fire, 'twill not be more than we can bear when moistened and bedewed with pleasures.
J. Keats.
domingo, 21 de agosto de 2022
Ventajas y desventajas del final
No es que sea mañana precisamente que se acabe, pero se presiente el final en casi todo. Hay como una melancolía, al tiempo de cierta premura de hormiga que ves en los demás. Apurando sus copas, haciendo viajes, planeando fines de semana, saliendo, entrando, absorbiendo desesperadamente los aires de agosto, -que, por otra parte, han sido un infierno, lo reconozcamos o no. A mí algo de todo esto me viene bien. El pasar desapercibida, ser casi invisible, estar borrada de la mente de los otros. Desaparecida. Y la suerte de que los días se hayan acortado y la puesta de sol se alargue y empiece a una hora que me permite sacar mi nariz de la cueva y asomarme al mundo, cuando solo quedan los restos del torbellino multitudinario de las horas previas: papeles, bolsas de plástico, niños abandonados, sombrillas que huyeron de sus propietarios probablemente aprovechando una racha de viento, hartas de escuchar sandeces a un volumen insoportable para una sombrilla. Y yo me cruzo con los cientos de inquilinos de la playa cuando toca retirarse y me mojo los pies como si acabase de aterrizar desde el puto Marte. Camino por la orilla. El agua está templada; un poco, por haber recibido el sol de un día brutalmente caluroso, un poco por haberse quedado con parte de la temperatura de tantos cuerpos que la han transitado. Todo me beneficia y me viene bien. Está limpia, se ven piedrecitas, conchas y trocitos de cristal regastado que seguramente fueron pedazos de una botella rota arrojada vilmente al mar, que ha hecho de sus trozos suaves teselas. Me cae bien el mar, un Mediterráneo como el de ayer o como el de hoy. Tranquilito, templado, paciente, esperando que nos extingamos para seguir aquí tranquilo, paciente y templado, solo él, las medusas y los peces. Me viene bien el paseo, se hace de noche cerrada, me ha aliviado la angustia con la que vivo últimamente, una como presión en el pecho muy rara que achaco a alguna alergia estacional. Me marcho cruzándome con decenas de personas vestidas de domingo, que salen todas a la misma hora a cenar. Los dejo atrás y me dirijo a casa a leer abrazada a la almohada.
martes, 16 de agosto de 2022
Viajes
Me acuerdo de cosas. Recuerdo haber sacado la cabeza de la arena y escupir hasta recuperar el aliento, una vez que dejé de sentirme inmortal. Recuerdo. El dolor de mi mejilla derecha, tras minutos, segundos, de sol. El dolor. Lo recuerdo bien. Casi creo que es cierto que estaba ahí, mirándome,lamentándose por vivir tanto, pasándome un testigo que no entendí. Recuerdo el absoluto, durante un instante infinito. Recuerdo licores extranjeros y repugnantes. Helados parajes en los que no debí estar jamás. Desérticos emplazamientos a los que llegué, aventurero, y de los que no pude escapar. Y el regreso, soñado, ensoñado, embustero. Aquello que no es verdad, pero te ayuda a entender la verdad. Y, de nuevo, la tormenta calima, roja, arcillosa, húmeda. Algo que te convertía en estatua tanto tiempo que te creías realmente estatua y eras ciertamente estatua. Con esos adverbios tan poco elegantes, con esa asfixia y esa locura estática. Impedidos los movimientos. Rojos los ojos, rojo el pelo, rojos los brazos, hundidos en el rojo los pies, el torso y el resto del cuerpo. El pelo, larguísimo, como tras décadas sin salir de ahí. En un sitio sin fin, enormemente plano. Y algo en mi mente, supongo, que debería ser un sueño, que me impedía salir. Y, raro, el placer, también rojo, acalimado. Sensación mental de algo que no existe, o quizás existiría mientras habitaba entre el ocaso y la salida del sol. Un sol odioso. El sol deslumbrante, ardiente, abundante, doloroso, que embiste y te deja sin respiración, que no es sol, ni luz. Solo eso. Ardor. Es un sueño, me digo, esa fuerza que empuja como el viento loco de poniente, furioso, que te cambia de postura, que te hace girar y girar. Y, bajo tierra, sientes que estás flotando y disfrutas, sin disfrutar porque sabes en el fondo que, aunque recuerdes, nada es de verdad. Que hay que despertar. Escupirlo y despertar. Dejarlo marchar y regresar. Y olvidar. Sobre todo, olvidar. Echarte en brazos de la realidad y llorar y dormir acurrucada en los brazos de las viejas esperanzas que te expulsaron y ahora te dejan regresar.
domingo, 31 de julio de 2022
Polvo
El tiempo pasa que es un horror. Sí. Rápido y cada vez más rápido. Hoy, echándote de menos, he releído toda nuestra correspondencia y vaya si hemos escrito, nos hemos querido y nos hemos odiado. Y eso que estoy molida, me duele todo. La semana, devastadora, y estos fríos tan malos para los huesos. Y tú, que no acabas de reconocer quién eres y el rollo de tus padres, los vecinos y la gente. Que a estas alturas del siglo XXI, ya o te matan (que la regresión es un hecho) o te aceptan gloriosamente como la niña, la niña, la niña, qué tiene la niña. Pero no. Vernos a escondidas. Mentir a tus otras amistades (porque eso soy, ¿no?, otra amistad). Y soltarme la mano en cuanto llegamos a tu barrio. Pero, cojones, el tiempo ha pasado y ya son años (con -s porque es plural, id est, más de uno) y seguimos igual. No seré de esa gente que diga que me has hecho perder el tiempo, porque el tiempo no se ha perdido, ni nos ha vencido (a mí me ha quemado, pero eso es para otra entrada menos festiva). Se ha sido feliz, infeliz, psicópata, acosadora, víctima y culpable. Se ha molestado a los vecinos, ha habido voces y llantos y rupturas de dos días y reproches por ambas partes. En fin. Que en nada, llega el día 2, y es la fecha en que celebramos el milagro de no habernos separado. Y sé que tú, porque lo dices todo el rato, estás loca por mí. Y yo, bueno, vaya, te quiero y me costaría un huevo prescindir de ti. Amor entre el viento y la marea y las ballenas comandando naos desesperadamente inverosímiles. Como si otra nube roja escupiese sobre nuestras cabezas polvo rojizo y dejase todo borroso y sucio y raro, sobre todo, raro. Una calima de amor, odio, vergüenza y felicidad. Un polvo que nos ha cubierto y nos ha hecho parecer pelirrojas, acartonadas, secas, brillantes. Si sale el sol es peor. Si no, tampoco es mejor. A lo que iba. Yo solo quería felicitarte el aniversario antes del día 2, por si no llegamos, por si el 1 se jode todo y el 2, ya ni nos hablamos. Que recojas tus camisetas y minifaldas y las medias. Que esta no es tu casa, que si no podemos contarlo, no vale para nada. Pues, no, pues me arrepiento de ser tan necia y qué más da si no se puede contar. Que estoy de acuerdo. Lo entiendo, lo admito, lo consiento. Nos escondemos bajo una sábana manchada y seguimos sin el resto del mundo, polvorientas, con la ropa interior desperdigada por el suelo. Tu pelo suelto, dejando rastros en mi ducha, en mi suelo, en mi lavabo. En mi interior. Ese pelo moreno y largo con ondas que desafían el viento y siempre (dios sabe por qué o cómo lo consigues) está suavísimo y huele a polvos de talco. Me siento al borde de un abismo del que no, por miedo que tenga, me voy a despegar y eso que sufro de mal de alturas, agorafobia, sinceridad aguda, extroversión fatal y desesperación total (diagnosticada). Te espero. Esperaré al día 2. Para escondernos de lo que te asusta. Para, una vez escondidas, vivir del polvo rojo y único que la casualidad hizo que nos fuese imposible rechazar, imposible olvidar, imposible volver a vivir sin tu tacto y tu olor de tierra desértica, arcilla desmenuzada. Te regalaré pastillas para el olvido, cápsulas de valentía, humo de superioridad. Haremos una fiesta en clandestinidad. Una macrofiesta con luces rojas, como nuestro polvo, para dos, sin sitio para más.
martes, 19 de julio de 2022
El mundo arde. Y yo ardo con él
Despierto. Aunque no estoy dormida, despierto. Sé que no estoy dormida porque, cuando duermo, me duele todo el cuerpo. Y ahora solo me duelen otras cosas. Él dice "lo siento", yo digo "no, no lo sientas". ¿Cómo no te iba a querer de un día para otro? Me cuesta decidir dónde van los puntos, dónde van las tildes, dónde encajo yo en esta marea de noticias desesperantes. En la fatalidad, -oh Leoncio-, de ver la montaña rusa que son algunas vidas. En el despropósito que es conocerme y olvidarme a un tiempo. Las cosas de esta época son, al menos, estimulantes, no como si lo estimulante fuera bueno, pero creo que tengo la suerte de vivir tiempos extraños. Y lo extraño es siempre interesante. Y lo interesante es siempre inspirador. Y lo inspirador hace que la vida tenga sentido, aunque se quemen bosques perfectos, aunque todo se desmadre, aunque hasta la protesta del más obtuso de los imbéciles que escribe en twitter (vaya tela de mundo) sea un motivo para cambiar el rumbo de un país, de un continente, del puto entero Occidente. En fin. Esta época. Con sus terremotos, sus escándalos, sus volcanes, su cambio climático, con su no saber si lo que lees es verdad o mentira, con pasar del telediario, con todo el mundo ardiendo del calor y la dejadez, con los drones grabándonos follando, con música clásica remasterizada horteramente, con un ejército de hormigas en las cunetas, como avisando: ¡Aquí! Con la vuelta atrás del pensamiento, ¿pensamiento?, humano, con la decisión constante y deprimente de dejarte todo el rato -a ti, mi amor-, de lado. Con la convicción de que algo peor vendrá y espero verlo para contarlo. Se nota que leí mucha poesía y muchas historias desastrosas y que todos somos Henry y Henry somos todos. Y me doy un poco de asco. Otra vez, siendo egoísta. Otra vez, pasando páginas escritas en ebriedad, viendo y pensando, sí, que es la mejor época para que alguien curioso por los cambios, por terroríficos y acojonantes que lleguen a ser, está aquí para dar fe, cual notario impertérrito, pero sin estudios ni imperterritez.
Pensando, pensando, es que ser alguien transfronterizo en el tiempo es un lujo, pues si la hubiese diñado cuando debía, no habría podido ser. Que sigo viva y este desastre es mi algo que contar.
viernes, 15 de julio de 2022
A una
Sea por lo que fuere, a una le gusta la gente que realiza trabajos útiles y que ayuden a vivir mejor a los demás. Un poco como Will Hunting, creo que es mejor hacer casas y ganar poco que derruirlas, jugar en bolsa y hacerte rico, con cochazo y mujer e hijos rubios con cuatro apellidos. Llámenme imbécil. Si tengo que elegir entre alguien con tres másteres (de pago) que tiene una mansión o un guapísimo albañil que está todo el día currando al sol con dos botellas de lanjarón rellenadas con el grifo, me quedo con el número 2. Qué hago. Estoy de seres pedantes y adinerados, de buena familia y con mil compromisos, hasta el copete. La verdad. Y, aunque más me valdría hacer de mi escaso atractivo y los días que me quedan de juventud para hacerme con un buen partido, prefiero hartarme de reír, oír frases que ninguna dama debería oír y ser feliz así "en plan barrio", porque también una fue de barrio y cuando oye hablar su "dialecto" se le saltan las alarmas de las simpatías, la alegría y el deseo. Arruinadita, pues, como en una copla de mucho folcklore y machismo anticuado, va una por la vida, rechazando propuestas de abogados no tan feos, mas idiotas y sin gracia. Y creo que me quedo para vestir santos, pero -oiga- con mi dignidad intacta y con amistades normales sin rango ni alcurnia, pero con muchas risas. Seguramente, esto debería tener un final, una conclusión, un consejo, una cosa de esas que tienen los cuentos medievales tipo el Conde Lucanor. Como una moraleja, que ya me suena a barrio pijo y no la uso sin ser la pobre palabra término desagradable en su sentido ni en su forma. Pero prefiero no dar consejos que el conde sabrá qué hacer y yo, aunque no lo sepa, ya veré con quién comparto mi tiempo y de quiénes me alejo pitando con excusas muy educadas.
A vivir, que son dos días y ya he gastado tres. Besos, hermanas. Abrazos, resto.
PD: Habranse ustedes dado cuenta de que no he incurrido en la conversación de ascensor, harto necesaria por otra parte, de qué mierda de puto calor hace que nos vamos a morir. Ni he hablado de las cantidades de hormigas y cucarachas que he tenido que masacrar estos días para mantener mi casa a salvo de asquerosos bichos preludio del fin del mundo. Lo hago por ustedes. No querría que pensaran en mí, toda señorita, pisando descalza arañas e insectos que parecen alienígenas con una sonrisa de maldad disfrutona en la cara (yo, que los bichos -estos al menos- no sonríen). Así que no lo digo. De nada.
PD2: Una postdata es poca cosa y creo que merezco decir que hasta el maldito lunes con sus obligaciones de mierda no me pienso poner sujetador. (Pal que no lo sepa soy una tía, aunque no lo parezca).
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