lunes, 15 de junio de 2026

Camino

Hoy pasé por La Araña. Allí viviste tú.  Allí. Más bien que mal pasamos lo que había que pasar. Porque el verbo es pasar.

Tras eso, que es cotidiano y normal, pasé por El Palo, que es igual de cotidiano y normal. Pasé pensando cuántos copos se tiraron y lo pescador que es el barrio y que Isa vivía allí y aquella lluvia de estrellas.  Y aquel olor a fritura y aquel no encontrar aparcamiento  y aquel no echarte de menos. Porque antes, antes, yo no echababa de menos. Y al rato, estaba en otro sitio, que no es La Araña ni es El Palo. Ni es mi barrio, ni el de nadie. Y no sabía dónde estaba. 

Y, más tarde, estoy en mi casa. Y ya no sé. Está el mar de siempre. El olor de siempre. Me pongo a regar,  como casi siempre.  Y no sé. No sé dónde estás. Y donde estabas era mi casa. Y ahora... no sé. Porque no sé dónde estás. 

Si fuese posible, te preguntaría. O a ella. O haríamos juntos algo estúpido como hablar. Sacar unas cervezas y charlar. Igual con unas aceitunas. Igual preparando la cena y ensayar nuevas recetas que nos preparen para mañana viajar.

Sigue tu familia y la mía, que son la misma, buscándome respuestas. Y yo te veo por estas playas, te veo descalzo y moreno. Te veo, pero no estás.

No hay comentarios: