Saco como puedo la escoba y el recogedor. Como puedo. Habrá quien no lo entienda, pero ese es su problema. Y barro los pedazos que por mi boca salen como cristal roto. Como techos de nipa tras un tornado. Y el corazón que noto. Y el maullido que todo lo pone en su sitio...
Los trozos de mí, transparentes, transparentes porque no tengo sangre, acaban en alguna papelera y sé que no pesan, ni tantito lo que el aire pesa cuando se exhala tras el último suspiro. Tantos últimos suspiros. Tantos trozos transparentes por los suelos. Tantos zapatos rotos. Tanta gente inútil.
De mí va quedando la carcasa. Ya ni a ti te tengo para fingir que existo entre toda la confusión y el ruido.
Esa misma confusión desde que soy consciente y los demás hacían algo normal con su tiempo. Esa confusión que se hace un mundo del que me protegías, con tilde porque lleva tilde. Un mundo al que no querría pertenecer. Al que no quise pertenecer y al que pertenezco por ti, mientras los demás hacen algo normal con su tiempo.
3 comentarios:
Verde o de color de oro, yo siempre me acuerdo de tu risa y de tu cara, que da alegría.
Me salió "anónimo" pero soy el de siempre
lo sé
Publicar un comentario