domingo, 21 de octubre de 2012

¡La policía no se graba, hostias!


Una incursión populi atraganta la calle y densifica el tráfico alterando el orden público. La generación del remake, las sagas y las fotos retocadas sube a las farolas a grabar con sus móviles y cargar en Tuenti y Facebook la fiesta improvisada. La música se eleva, no cabe en ellos, les traspasa y asciende. Todos los vecinos, mayormente divorciados y vueltos a casar de la generación del boom inmobiliario, la dieta del pollo y la vida-antes-de-la-wikipedia, se asoman a las ventanas con sus videocámaras (sí, también). Bueno, todos no... Toma en picado que objetiva la quinta planta donde Gabino y Alexandra se preparan, ambos son profesores de lengua española o castellana
-No es normal... En su piso se oyen las cosas más raras, —refiere Amalia, 53 años, separada, vecina cuyo dormitorio da al de los susodichos.

La fiesta acaba a las cinco de la mañana. Ni sus detractores (vecinos) ni los partidarios (chavales) pueden colgar el final en Facebook porque “la policía no se graba, hostias”.

Como en todo texto oral de tipo conversacional espontáneo, nos desviamos del tema y seguimos con los del 5º: Amalia no lo soportaba y, justo antes de la crisis económica mundial (en adelante CEM), endosó el apartamento a un informático freelance por un precio que hoy día parece ciencia ficción. El informático al poco se agenció un fonendoscopio en el mercadillo de la Merced que cada sábado ofrece objetos seminuevos robados sin competencia en lo referente a la relación precio/calidad, justo en el stand de Objetos (de) médicos entre un brillante tensiómetro y una caja de Valium 3. 
-¿No quieres valiums, guapo? 
-No, señora. 
-Los valiums tienen mucha salida, niño, se venden muy bien. Traemos montones y al rato nos tenemos que ir a dar palos a Cerrado otra vez. 
-Pues yo no quiero valiums, señora. Me llevo el fonendoscopio. 
-¿El qué? 
-Esa cosa de ahí, al lado de los valiums. 
-Ah, ya. ¿Lo quieres para regalo? 
-No. 
-Ah, vale.

De vuelta a casa, el informático cogió una silla y se apostó junto a la pared del cabecero, fonendoscopio en ristre.
-Nena, tengo el verbo enhiesto.
-Tenemos tiempo, Gabino, hazme un análisis sintáctico.

Daba así comienzo la clase de gramática. Al cabo de dos semanas, el informático tenía los complementos circunstanciales doloridos y empezó a hacerse el predicativo cuando el vecino salía a lo que fuese. Ella, al principio, declinaba el ofrecimiento pero al fin su calidad de mujer de letras, tolerante y generosa, pudo más que el objeto directo de la culpa. Lo que pasó fue que un día apareció el maestro y todo se lexicalizó de mala manera. Nada nuevo bajo el sol. En el mundo, cada dos segundos un hombre descubre que su mujer se la pega. Fraseología aparte, el informático se mudó con Alexandra. Ahora el cornudo es él: Alexandra llama a su ex cada vez que tiene una duda urgente y el informático ha tenido que desempolvar el fonendoscopio. 

Gabino dejó la enseñanza para montar un grupo funk llamado “Fantasmas austriacos tocando el violín”, pero inexplicablemente fracasó (seguro que por la crisis). Alex le ha prestado 10.000 euros. Se ha hecho inversor y se la pasa perdiendo dinero, viendo Juego de tronos y comiendo fritos con guacamole. 

Alexandra y el informático esperan un hijo de él. 

Amalia les visita con frecuencia. 

La asociación de vecinos electrificó el suelo de la calle en previsión de futuras algaradas: el mando electrocutor lo tiene el portero, Domingo. 

Es el año 2020, el mundo no se ha acabado y seguimos sin poder grabar a la poli.


The end

Freddie Mercury

10 comentarios:

Pilar López Mora dijo...

Alegre y frívola vuelta a los relatos de mierda ^^

Riforfo Rex dijo...

Genial. ¡Mas mierda!

Anónimo dijo...

Cuando una poeta se convierte en "plumilla callejera", se hace al mismo tiempo esclava del "papel del día"; entonces, todos los imitadores de la naturaleza real suelen enardecerse, pero quienes piensan que un poeta tiene que estar "más allá del bien y del mal" experimentan una gran desazón porque no es posible el retorno entre la vida real y la vida ideal. La pregunta es la de siempre: ¿Para qué poetas...? Quizá lo mejor sea...

Anónimo dijo...

Disiento. No hay ida y vuelta entre ambas vidas-real e ideal- se está a caballo de ambas. Ese es el gran drama del poeta que quisiera no haber conocido la segunda si no puede morar en ella para siempre y se desgarra en el umbral entre ambas. En cuanto a para qué... para nada (si alguien hace esa pregunta esta es la única respuesta que merece)

Anónimo dijo...

Soy el primer anónimo. Comprendo la disensión del segundo anónimo porque el conflicto entre lo ideal y lo real y la posibilidad de que coexistan o se opongan ha sido siempre el caballo de batalla entre dos concepciones definidas del arte. Últimamente la poeta del blog nos tenía tan acostumbrados a lo ideal, que sólo eso justifica mi intervención. En cuanto al "¿Para qué poetas...?", me refería al famoso verso de Hölderlin "¿Para qué poetas en tiempos de indigencia?". Posiblemente el segundo anónimo también lleve razón: para nada. ¿Describir el prosaísmo de la vida real no es "la nada" para un poeta? Y comprendo que también se podría contrargumentar: la nada en cuanto es pensada y dicha también es algo (Heidegger dixit). Pero me quedo con la "primera nada", porque en tiempos de miseria como los nuestros, poetas, sí, pero ¿para qué? Ese era el sentido de mi intervención: el matiz poético del post, no el sentido literario ofrecido por la autora que, como siempre, es la más genial de todos nosotros, y posiblemente de los que aún estén por llegar...
...

Anónimo dijo...

posiblemente

Anónimo dijo...

Pilar, dices que "alegre y frívola, vuelta a los relatos de mierda"? Visto el cariz adoptado por los comentaristas, yo también quiero aparecer como anónimo aunque vayamos siendo ya un "montonazo". Me pareces una blogista genial, casi inimitable; tu variedad de registros, excepcional; tu agudeza, difícil de igualar... Así que discrepo con el primer comentario del anónimo primero y coincido con la parte final del comentario que hizo por segunda vez. Debes saber que espero siempre tus entradas para leer sobre el Hades, sobre Hammurabi o sobre tu rabia... Siempre genial... Estoy de acuerdo: ¡la policía no se graba, hostias!... Y por si alguien duda, añado aún más puntos suspensivos...

Pilar López Mora dijo...

¡Joder, cuánta gente y todos con máscara! Parece carnaval...
Tengo que decir que este debate excede con creces la capacidad de una servidora de ustedes, así que doy la razón al anónimo primero, convengo con el segundo y consiento -modesta y castamente- al tercero.
Gracias.

PD: Quise participar como anónima por aquello del "donde fueres...", pero mi afán exhibicionista me lo impidió y es que yo escribo y tengo un blog para dar la nota, no crean.

Anónimo dijo...

Pilar, permíteme por una sola vez que yo también omita mi nombre y me sume a esta anonimia de carnaval para hacer un par de preguntas en torno a la grabación de la vida real realizada por un poeta. ¿Desde los más lejanos tiempos no representaba una "broma infinita" aquella "gruta córica" desde la que surgía espléndida la vieja Sibila de Cumas cantada por Virgilio, Ovidio o Petronio y que condujo al ínclito Eneas a las profundidades del Hades? ¿Era esa gruta del monte Córico un motivo literario y un simple ente ideal o, por el contrario, el leit motiv real que enloquece a todos los personajes? Si es el leit motiv real, entonces "a la policía se le puede grabar, hostias!"; sin embargo, si es un motivo literario, entonces el primer anónimo se equivocó por completo: "¡La policía no se graba, hostias!". Aunque por debajo signifique lo contrario. Coincido contigo. Saludos, Pilar...

Pilar López Mora dijo...

Oh, anónimo 4º, si pudiera tan solo entender tu idioma... A la primera pregunta respondería que sí; a la segunda, que no hay gruta córica que no enloquezca aunque esto signifique que la poli se pueda grabar o no, o a quién le importa la poli, habiendo una gruta por explorar. Semper fidelis. P